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Giro de Lombardia

Cunego el Giro, Bettini la Copa

copa mundo ciclismo giro lombardia cunego Damiano Cunego (Verona, Italia, 1981) se impuso en el 98ª Giro de Lombardía, carrera que cerró la Copa del Mundo, competición que ha sido ganada por tercera vez consecutiva por Paolo Bettini (La California, Italia, 1974), ciclista que pasa a ser el único corredor del Mundo en conseguir tal logro. Ni Maurizio Fondriest ganador en las ediciones de 1991 y 1993, o Johan Museeuw el auténtico rey de las clásicas con 11 victorias en pruebas de la Copa del Mundo, ni Michele Bartoli dominador de las ediciones de 1997 y 1998 y maestro de Paolo Bettini, fueron capaces de imponerse en tres ocasiones. Ese honor corresponde a Paolo Bettini, el mejor especialista de la actualidad en pruebas de un día. Seis pruebas de la Copa del Mundo, el título de Campeón Olímpico y su tercera victoria en la competición más prestigiosa de carreras de un día le avalan.

Giancarlo Ferreti, el viejo y sabio director del Fassa Bortolo, tiene un ojo clínico envidiable. Cuando Paolo Bettini pasó al campo profesional en 1997, no era el mejor aficionado italiano. Con frecuencia, unos cuantos ciclistas cruzaban la meta por delante en las pruebas más importantes del calendario nacional italiano o internacional. Giuliano Figueras, Campeón del Mundo en 1997, Roberto Sgambelluri, ganador del Girino, Gianluca Sironi Campeón del Mundo contrarreloj, Stefano Garzelli o Salvatore Comesso eran algunos de los corredores que precedían a Bettini en la mayoría de las carreras importantes. Sin embargo, Ferreti no se fijó en ninguno de ellos, sino que confió en un humilde ciclista que se quedó fuera del podium (fue cuarto) en el Campeonato del Mundo de 1996, en Lugano, Suiza. Por lo visto, tuvo en cuenta otros datos, más allá de las clasificaciones.

Por aquel entonces, Bettini sufría el mal de la impaciencia, era incapaz de permanecer en el pelotón sin atacar, hecho que le impedía lograr mejores puestos. No ponía límites ni a su valentía ni a la voluntad de ayudar a sus compañeros. Ferreti decidió que debía aprender de sus propios errores, y le encomendó la labor de ayudar a Michele Bartoli, dominador de la Copa del Mundo en aquellos años (1997 y 1998). "Le debo mucho a Bartoli", reconoce Bettini, "de él aprendí la actitud que hay que tener para ganar una gran clásica. Yo era el encargado de hacer la primera selección importante, yo prepara sus ataques. Aprendí que para ganar una clásica no se puede estar constantemente atacando, hay que ser paciente y no malgastar las fuerzas". Imitando a su maestro, también se dio cuenta que tenía que ser más egoísta porque si algo define a Bartoli como persona es su egoísmo, hasta tal punto que abandonó el Mapei en 2001 teniendo contrato en vigor. No supo conllevar la progresión de su discípulo que para entonces ya ganó dos pruebas de la Copa del Mundo, dos carreras que demuestran el cambio que sufrió Bettini en poco tiempo.

Cuenta el propio Bettini que en la Liege-Bastogne-Liege de 2000, iba a bajar al coche de su director para entregar sus manguitos. Al ver Johan Museeuw ese ejercicio inútil le ordenó que no hiciera tal cosa, que ya lo haría él, porque Bettini, podía ganar la carrera y no podía hacer esfuerzos en balde. Bettini, efectivamente, ganó su primera Liege-Bastogne-Liege. Ese triunfo marcó un punto de inflexión porque según asegura el protagonista, posteriormente comenzó a utilizar más la cabeza. Reconoce que en el Campeonato de Zurich de 2001 Jan Ullrich era mucho más fuerte que él, y que temía un ataque del alemán en el momento más difícil de la carrera. Como solución decidió adelantarse al corredor del Telekom atacando un par de veces, hecho que, según Bettini, hizo dudar de sus propias fuerzas a Ullrich que finalmente no pudo dejar de rueda al italiano. Bettini batió fácilmente al esprint a Ullrich, Escartin y Casagrande.

En el Giro de Lombardía que se disputó ayer, su experiencia volvió a jugar un papel vital. Es indudable que Bettini no estuvo tan fuerte como en la Clásica de San Sebastián de 2003-, "nunca me he sentido tan fuerte", afirmó una vez-, porque a falta de 45 kilómetros, en el puerto de Ghisallo, no pudo aguantar el ritmo de los hombres más fuertes de la carrera: Iván Basso, Davide Rebellin, Damiano Cunego, Michael Boogerd, Isidro Nozal, Gianpaolo Caruso, y Francesco Casagrande entre otros. Cualquier otro corredor hubiera perdido los nervios y hubiera echado por tierra cualquier opción de mantener el liderazgo de la Copa del Mundo. Pero Bettini sabe muy bien cuales son las consecuencias de no guardar fuerzas para el final en una prueba tan larga (246 kilómetros) y tan dura como el Giro de Lombardía, algo que por lo visto, desconocía Davide Rebellin, porque el corredor del Gerolsteiner fue incapaz de mantener su mejor nivel en los kilómetros finales de la carrera, circunstancia que facilitó la tercera victoria consecutiva de Paolo Bettini en la Copa del Mundo.

Pero ambos corredores nunca estuvieron en la lucha por la victoria, algo que se redujo a cinco corredores: Iván Basso, Michael Boogerd, Cadel Evans, Daniele Nardello y Damiano Cunego. Sin duda el hombre más fuerte en las subidas fue Iván Basso, actor de los ataque más dañinos. El más inquieto Damiano Cunego, que intentó escaparse por dos veces en el llano. Michael Boogerd, buscaba su primera victoria de la temporada, tras haberse clasificado en segunda posición en la Amstel Gold Race y en la Liege-Bastogne-Liege. Y, Cadel Evans y Daniele Nardello, que se integró al grupo a falta de poco más de un kilómetro, buscaban sorprendes a sus compañeros de escapada. Pero pocas sorpresas caben en esas circunstancias con Damiano Cunego, corredor que ya demostró su velocidad en la segunda etapa del Giro (la primera de las cuatro que ganó) o en el Gran Premio Larciano, carrera en la que se impuso por delante de Igor Astarloa, Campeón del Mundo hasta hace poco. Y en este caso no hubo ninguna porque Cunego batió con facilidad a Michael Boogerd e Iván Basso, cerrando con 13 victorias una temporada inolvidable y, quizás, irrepetible.

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