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Paris-Tours

Erik Dekker gana una carrera imposible

No es cierto que la Paris-Tours, novena y penúltima prueba puntuable para la Copa del Mundo, sea una clásica para esprinters, es una carrera para los utópicos. Para aquellos corredores que creen que cualquier sueño imposible es realizable, como Richard Virenque que ganó en 2001 de una forma absolutamente increíble burlando el control de un pelotón que parecía estar jugando con él, o como Erik Dekker, que se impuso ayer superando lo realizado por el francés hace tres años.

Es imposible explicar la victoria de Erik Dekker (Hoogeveen, Holanda, 1970) desde un punto de vista lógico, pues es pura utopía. Nunca una victoria estuvo tan enfrentada con la teoría. El campeón de Holanda se escapó en el kilómetro 25 junto con otros cuatro corredores: Bram Tankink (Quic-Step), Vladimir Goussev (CSC), Eric Berthou (RAGT) y Manuel Quinziato (Lampre). No es la actitud habitual de Erik Dekker, protagonista casi siempre en los kilómetros finales de la grandes carreras de un día. Pero esta vez, desempañaba, en teoría, un papel secundario dado que la estrategia del Rabobank estaba preparada para llegar al esprint con la esperanza de que Oscar Freire, flamante campeón del Mundo el pasado domingo en Verona, Italia, pudiera estrenar el maillot arco iris con una victoria en la avenida Grammont de Tours. Con Erik Dekker en la escapada, sus compañeros rodaban cómodos en el seno del pelotón, resguardados del aire y sin ninguna obligación de tirar para cazar a los escapados, responsabilidad que recayó sobre los hombres del Cofidis francés para garantizar un esprint en el que supuestamente Stuart O?Grady podría mejorar el tercer puesto obtenido el año pasado detrás de Erik Zabel y Alessandro Petacchi, ausentes ambos por una lesión en el talón y una gastroenteritis, respectivamente.

La escapada de los cinco hombres nunca tuvo una ventaja exagerada, la renta más amplia no superó los 8 minutos, ventaja que se redujo prácticamente a la mitad cuando restaban 100 kilómetros para la meta, al poco tiempo de que, sobre todo, Cofidis, y más timidamente, La Francaises de Jeux se pusieran a trabajar. Desde allí hasta la meta la ventaja fue disminuyendo en la misma proporción que los jóvenes acompañantes de Erik Dekker acusaban las debilidades de su juventud. Tres de loos cuatro compañeros de escapada tan sólo cuentan con 24 años y Goussev tan sólo 22, insuficientes en la mayoría de los casos para afrontar con garantías una carrera de 250 kilómetros. A esa edad el cuerpo no está aún habituado a esfuerzos tan prolongados y de tanta intensidad, y una vez superados los 200-220 kilómetros los corredores más jóvenes se quedan sin reservas energéticas para poder continuar realizando un esfuerzo intenso. El primero en rezagarse fue el francés Eric Berthou. Poco más tarde se quedaron, Manuel Quinziato y Bram Tankink. Erik Dekker se quedó con el joven ruso Vladimir Goussev, que tres días antes se había clasificado en octava posición en la Paris-Bourges. Pero la diferencia entre ambos era abismal. Gussev tardaba un mundo en pasar al relevo de Erik Dekker, que dudaba entre arriesgarse a marcharse en solitario o aprovechar los relevos que le daba el ruso para, por lo menos, recuperarse un poquito de sus largos e intensos relevos.

Las dudas se despejaron a falta de 8 kilómetros para la meta, en el último repecho, cuando Goussev vació de fuerzas no pudo mantener el ritmo de Erik Dekker, que se marchó en solitario con la seria amenaza del pelotón, que rodaba a poco más de 20 segundos. Una ventaja insuficiente en cualquier otra carrera, pero no en la Paris-Tours.

Final de la Paris ToursCuando el pelotón llegó al mismo repecho, hubo una caída en cabeza del mismo, instante que aprovecharon Igor Astarloa (Lampre), Matthias Kessler (T-Mobile), Juan Antonio Flecha (Fassa Bortolo) y Allan Davis (Liberty) para atacar y alcanzar poco más tarde a Erik Dekker, a quién teóricamente no le quedaba otra opción que dar un relevo, el último, en favor de Oscar Freire para quien el Rabobank ya comenzó a preparar el esprint. Pero el pelotón no llegaba y a falta de tres kilómetros es el propio Erik Dekker, sabio como pocos, experimentado como nadie, quién ataca y se lleva a Matthias Kessler a su rueda. Flecha, Astarloa y Davis se vigilan entre sí inútilmente cuando el pelotón se les echa encima. La diferencia entre el dúo de cabeza y el pelotón es mínima cuando cruzan la pancarta del último kilómetro, pero pese a todo, Erik Dekker trabaja sin desmayo contra sus propios compañeros que sin confianza en el holandés allanan el camino para Freire. Faltan 300 metros y ya sienten el jadeo de los esprinters que están a punto de lanzar el esprint. Kessler desiste, pero Dekker insiste y gana una carrera que es el ejemplo máximo de la utopía.

Por si esa espectacular aportación a la Copa del Mundo no hubiera sido suficiente, Davide Rebellin (13º en la carrera) no pudo mantener los 6 puntos de ventaja que le sacaba a Paolo Bettini (6º en Tours), nuevo líder, y favorito para imponerse una año más, sería la tercera y record de la competición, en la clasificación final de la Copa del Mundo. La sentencia la dictará el Giro de Lombardía el próximo 16 de octubre.

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