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16ª Etapa

Julia gana en solitario en Cáceres

Estaba escrito que en Cáceres, en la 16ª etapa de la Vuelta Ciclista a España, triunfaría una escapada, que sería uno de los pocos días en el que los buscadores de oro encontrarían su mina. Con Alessandro Petacchi, Oscar Freire y Stuart O'Grady en casa, apenas quedan esprinters en el pelotón, ni fuerzas ni ganas para controlarlo. Y los hombres de la General tampoco estaban ayer para lanzar cohetes, respiraban pensando en La Covatilla, el durísimo puerto que subirán hoy y en el que puede haber fuegos artificiales. Para las etapas llanas tan sólo queda Erik Zabel en pelotón, pero el alemán están tan escaso de compañeros (tiene a otros tres, nada más) que no tuvo otro remedio que ver con impotencia como se diluían sus posibilidades de victoria nada más darse la salida.

La batalla por protagonizar la escapada se desató en el primer kilómetro, algo habitual cuando existe una oportunidad real para ello. Todo aquel corredor que tiene aún un gramo de fuerza en sus piernas, intentó integrar la escapada, pero nada es tan fácil como parece. Ser protagonista en la fuga del día es una tarea complicada que exige mucho esfuerzo, mucha experiencia y algo de suerte. Hay que conjugar muchas características e implica la coordinación de todas ellas en su justa medida. De poco sirve estar muy fuerte si uno malgasta todas sus fuerzas intentando responder a casi todos los ataques desde la salida. Pero tampoco es suficiente ser un lince si luego las fuerzas no acompañan.

Perfil de la décimosexta etapa

Hay corredores que se han especializado en este tipo de etapas, ciclistas que conocen todos los trucos, que guardan la llave de la escapada en su maillot y la utilizan con perfección. No es casualidad, ni una lotería como se dice habitualmente, que hombres como Chente García, Pablo Lastras, Danilo Di Luca, Cristian Moreni o Jan Boven estuvieran ayer en la fuga que llegó a Cáceres. Son corredores, casi todos ellos, con victorias en el Tour de Francia, Giro de Italia, Vuelta Ciclista a España o pruebas de un día tan prestigiosas como el Giro de Lombardía o el Campeonato de Italia. Además de poseer una condiciones naturales extraordinarias para rodar en el llano o superar pequeños puertos, acreditan una dilatada experiencia en el campo profesional, y poseen la suficiente ambición para sumergirse en el agotador esfuerzo que supone la creación de una escapada.

Como la soga que amarra al pelotón siempre se rompe por el lado más débil, una vez que se formó, en el kilómetro 46, un grupo de 13 corredores que representaban a la mayoría de equipos, el pelotón, fatigado con tanto zafarrancho (en la primera hora hicieron 46,8 kilómetros), aceptó con resignación el veredicto de la contienda. Los escapados (Chente García, Lastras, Di Luca, Spezialetti, Moreni, Boven, Iván Parra, David Fernández, Cayetano Julia, Iñaki Isasi, Antonio Cruz, Putsep y Valjavec) habían dado el primer paso para el éxito.

El segundo acto, el de lograr la renta suficiente para asegurarse el éxito, siempre es un trabajo laborioso, porque pese a que se haya formado la escapada, siempre queda algún inconformista que, aunque a destiempo, tiene el arrojo suficiente para complicar el objetivo que se persigue. En la segunda hora la velocidad de los ciclistas fue incluso más elevada que en la primera, y se registró una media parcial de 47,5 kilómetros por hora. Hasta el kilómetro 80 la diferencia sobre el pelotón no superó los cinco minutos, algo que no garantizaba el éxito de la escapada, pero a partir de ese punto se disparó hasta los 17 minutos porque el pelotón, definitivamente, abandonó su propósito.

Ya solo había que decidir la victoria, algo que soñaban todos los integrantes de la escapada. Durante la fuga, además de dar relevos para apuntalar el objetivo, todos y cada uno de los integrantes se habían examinado con todo detalle. Habían analizado la cadencia de los adversarios, el desarrollo elegido en cada momento, los resoplidos, las caras, los gestos, el palmarés de cada uno, la ventaja de llevar un compañero de equipo... No se puede menospreciar ningún detalle. Luego cada uno sacó sus conclusiones y, si podía, ejecutaría la acción que más le convenía. Algunos sabían que no podían esperar al esprint, objetivo perseguido por otros. Y alguno, especialmente Danilo Di Luca, podría sacar provecho de su polivalencia en ambos casos. Pero no lo pudo hacer porque lo evitó José Cayetano Julia, ciclista de Cieza (Murcia) que corre en el Comunidad Valenciana-Kelme, amigo íntimo de Alejandro Valverde, y primo del difunto Mariano Rojas, que a los 25 años y en su tercera temporada, logró su segunda victoria profesional.

Acceso a la Clasificación de la etapa

Acceso a la Clasificación General

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