Vuelve Cancellara

Fabian Cancellara ha vuelto. Y ha vuelto para ganar a lo grande. Como es costumbre en él. Su demostración en la primera etapa de la Vuelta a Suiza, una crono de 7,8 kilómetros no deja lugar a dudas. Ya está recuperado. A temblar. Cuando está en plenitud de sus facultades es imbatible en esa distancia. Y en otras. Como ha demostrado en dos últimos Campeonatos del Mundo, y en los Juegos Olímpicos de Pekín.

Su victoria no ha sido una sorpresa, pero si una alegría. Este año ha tenido muchos problemas, y es una lástima no poder disfrutar de un corredor como el Campeón Suizo. Ganó la primera carrera que corrió, la prólogo de la Vuelta a California pero se tuvo que retirar por fiebre. Poco más tarde tuvo una caída cuando se entrenaba y no ha podido rendir a su nivel habitual. Una pena. No pudo disputar la Milán-San Remo que tan brillantemente ganó el año pasado. Y apenas tuvo protagonismo en las clásicas de los pavés, el Tour de Flandes y la París-Roubaix.

Sus intervenciones han sido muy humildes, como la mayoría de los mortales. Y eso ha sido una novedad en su carrera, porque Cancellara nunca ha sido mediocre. Siempre extraordinario. Desde muy joven (en la categoría Junior fue doble Campeón del Mundo contrarreloj). Pero ha vuelto. Recuperado de sus males, ha estado entrenándose en los Alpes preparando el Tour de Francia, y se ha reencontrado consigo mismo. Con la victoria. Inapelable.

Ver a Cancellara rodar en el llano es un lujo para la visión. No es seguramente tan elegante como David Millar, ni tan aerodinámico como Levi Leipheimer. Pero es mucho más potente. Además no disimula. Trasmite al aficionado el esfuerzo que está realizando, la potencia que imprime en cada pedalada, la velocidad a la que rueda, el desarrollo que arrastra. Es un purasangre que vuela como el viento cuando está en forma.

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