Lance Armstrong no es un señor

Creo que he manifestado en más de una ocasión el respeto que profeso por Lance Armstrong. Al margen de su personalidad, es y será uno de los mejores corredores de la historia. Un icono. Su nivel deportivo está fuera de toda duda y no permite discusión. Además, siempre he pensado que todo aquello que hemos leído acerca de sus actuaciones como persona eran algo exageradas. Que, por su parte, no existía ese malestar que nos han querido hacer ver muchos medios de comunicación por la victoria de Alberto Contador, al fin y al cabo su compañero de equipo. Pero nada como ver el comportamiento del americano en el podium de París para darse cuenta de la realidad. Una imagen vale más que mil palabras. Es una verdad como un templo. Lance Armstrong no ha demostrado la más mínima alegría al felicitar estrechando la mano al vencedor del Tour de Francia. Decir estrechar es seguramente demasiado, porque jamás he visto una felicitación más fría y obligada que la de hoy. Ese simple gesto creo que ha descubierto por completo a Armstrong, que aún no ha digerido la incontestable victoria de Contador.

Muchas veces seré ingenuo en mis comentarios. Otras, soberbio o altivo. Habrá veces que pique de inmodestia y, es probable, que sin querer, moleste al lector en mis críticas. Pero siempre pretendo ser sincero y respetuoso con todo el mundo, y jamás me ha gustado hacer ningún comentario a la ligera, aunque, por supuesto, lo habré hecho y lo haré, porque soy humano y como dice el refrán el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra o tantas veces haga falta. Pero el saludo de Amstrong lo he visto con mis propios ojos como lo ha visto todo el mundo. Ha sido insensible, antipático y seco, totalmente indiferente a la alegría que sentía Contador. No ha realizado el más mínimo gesto de entusiasmo. No digamos ya de felicidad.

Nunca negaré su calidad extraordinaria como deportista, y además, no ahorraré elogios para ello, pero en adelante nunca defenderé su forma de ser como persona. Ha demostrado que no es un señor. Y lo ha visto todo el mundo.