Llegó la Primavera

Dice mucha gente y no pocos corredores, que la Milán-San Remo es la clásica más bonita. Por algo será, pero no estoy de acuerdo. Como carrera, me decanto más por el Tour de Flandes, la París-Roubaix o la Liege-Bastogne-Liege. No hay duda que para ganar cualquiera de ellas hace falta ser un gran corredor, no hay más que mirar al palmarés de todas ellas, pero para imponerse en las clásicas del norte hace falta ser algo más que un esprinter. Bastante más.

No es cierto que esas clásicas se puedan decidir en cualquier lugar, pero ofrecen un abanico de posibilidades bastante más amplio que la carrera italiana, disputada siempre bajo el mismo guión. Siempre hay una escapada integrada por corredores modestos que camino de San Remo sueñan con una victoria imposible. Una vez en los Capos la velocidad de vértigo impide que nadie pueda escaparse y finalmente llega el Poggio, el juez de la carrera. Si alguien tiene la fortaleza de irse en solitario la ganará, sino el esprint será inevitable, a no ser que excepciones como Cancellara o Pozzato decidan otra cosa. Ese es el único atractivo de la carrera, pero es algo que atrapa al espectador y hechiza al corredor que participa en ella.

Cada opción cuenta con una lista particular de corredores que sólo podrá hacer un intento para lograr su objetivo. Se tienen que jugar el todo por el todo. Algunos intentarán irse en el Poggio. Son los Philippe Gilbert, Alessandro Ballan, Michele Scarponi, Vincenzo Nibali, Flecha, y pocos más. Los hay quienes intentarán evitar el esprint masivo con ataques en los tres últimos kilómetros. No hay muchos capacitados para esa opción. Sólo Cancellara y Pozzato lo han logrado en los últimos años. Y el resto esperará al esprint. Es ahí donde la lista se alarga y la opción que cuenta con más probabilidades de decidir al ganador. Puede ser Freire, que lo lograría por cuarta vez, o Cavendish, o Hushovd, Haussler o Farrar. Y aunque, por diferentes razones cuenten con menos posibilidades también lo podrían hacer Sagan, Greipel, Davis, Boonen, Boasson Hagen, Bennati, McEwen, Goss y alguno más. Todos ellos sueñan con esa victoria que justifique la temporada e incluso toda una vida profesional.

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