Descarado

Hemos asistido en alguna ocasión a hechos que han puesto en entredicho la fortaleza de un ganador. Porque, se supone, que el ganador final de una gran carrera como el Tour de Francia, debe ser además de ser el mejor, el más fuerte.

Fue sonado la edición en la que Greg Lemond ayudó, pese a ser el más fuerte, a ganar su quinto Tour de Francia a Bernard Hinault, su jefe de filas en 1985. Y por lo visto al año siguiente, Hinault tuvo que devolver el favor al estadounidense pese a poder haber ganado la carrera.

No pocos opinan que la primera victoria del Tour de Francia de Miguel Indurain debía haber sido en 1990, en la que se vació en ayudar a Pedro Delgado, que al final fue cuarto. Indurain se clasificó en 10ª posición y creo que es muy aventurado decir que hubiera podido ganar aquel Tour de Francia. Yo no lo creo.

Otros también afirman que Jan Ullrich debía haberse impuesto en aquel Tour de Francia que en 1996 ganó su jede de filas Bjarne Riis. El alemán lo hizo al año siguiente con una superioridad manifiesta.

Pero creo que ningún caso mencionado se empareja a lo que estamos viendo este año. Sobre todo hoy en la subida al Peyragudes. Chris Froome ha demostrado ser muy superior a su compañero de equipo y líder de la carrera Bradley Wiggins. Hoy ha sido muy evidente porque así lo ha querido Froome, que en parte ha reivindicado su derecho de querer disputar la carrera con poco disimulo. No me ha gustado el descaro con el que ha puesto en evidencia a su líder. Lo podía haber hecho con más estilo, pero no lo ha querido. Está en su derecho. Creo que Froome ha querido vengarse de lo ocurrido el año pasado en la Vuelta a España, que no ganó por torpeza de su director.

Pero menos me ha gustado el comportamiento del director del Sky, que no ha permitido a Froome una victoria de etapa más que bien la tiene merecida por todo lo que está padeciendo. De haberle permitido irse hubiera alcanzado a Valverde y se hubiera llevado algo que era justo. Eso sí, también hubiera metido más de 30 segundos a Wiggins. Pero en ningún caso se les hubiera ido la carrera que la tienen asegurada con Wiggins o en su defecto con Froome. Aunque no lo más ortodoxo, hubiera sido lo más justo y lo que pide la gente, una disputa abierta entre los dos hombres más fuertes de la carrera.

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