Discusiones sobre Alberto Contador

Hay cuestiones sobre Alberto Contador que no admiten discusión. Una es su palmarés en grandes vueltas. Sobre la carretera ha ganado 9 grandes vueltas (3 Tours, 3 Giros y 3 Vueltas), sólo una menos que Bernard Hinault y dos por debajo del inigualable Eddy Merckx. Es, sin duda, el gran especialista en grandes vueltas de la última década.

Otro asunto que no se puede debatir es su coraje. Siempre lucha hasta el desvanecimiento, y eso le ha permitido en más de una ocasión unos logros asombrosos que quedarán para la historia de oro de este deporte. No pocas veces ha sido capaz de ejecutar brillantes estrategias que parecían pertenecer a un mundo utópico, y aunque a veces se pueda interpretar que sus ataques son más de cara al público, siempre se entrega hasta la última gota de sudor.


El pasado, por tanto, no ofrece mayor controversia, todo lo contrario que el futuro más próximo. Acaba de declarar Ivan Basso, hombre de confianza que también estará con él en el Trek-Segafredo, que Alberto Contador aún puede ganar el Tour de Francia porque depende de él. Estoy en total desacuerdo. Alberto, es cierto, perteneció a esa categoría de corredor, que al margen de un recorrido u otro, o independientemente de unos u otros adversarios, se podía imponer en cualquier vuelta grande siempre que él rindiera al cien por cien. Pero ya ha perdido esa condición. Ahora ni su mejor versión es garantía de victoria, sobre todo en el Tour de Francia, carrera que lleva sin ganar desde el año 2010. Dependiendo de unas circunstancias u otras, aún podría imponerse en el Giro de Italia o Vuelta a España, pero no en el Tour de Francia, donde últimamente manda Chris Froome sin permitir que, a excepción de Nairo Quintana, nadie discuta su supremacía. Aunque suene desolador así lo ha entendido y aceptado Vincenzo Nibali que el año que viene volverá a colocar al Giro de Italia en el centro de la diana y tampoco haría mal Alberto Contador y su entorno en ser conscientes que priorizar la victoria en la carrera francesa es un viaje de ida y vuelta a un inevitable fracaso.

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