Las paradojas del Tour de Qatar

Se sabía que era cuestión de tiempo, hasta que permaneciera intacto el capricho del jeque o príncipe de turno pero caducado éste, los peores pronósticos no han tardado en cumplirse. El Tour de Qatar, tanto masculino como femenino, no se organizará en 2017, y uno duda si lo harán nunca más. Los ejercicios artificiales duran menos que un ataque de Stefano Pirazzi.

Qatar, ni el golfo pérsico son lugar para el ciclismo y cualquier intento futuro de establecer éste deporte por aquellos lares sufrirá el mismo destino. No existe razón alguna, una siquiera, para pensar que la semilla del ciclismo pueda ofrecer los frutos que ha presentado en otros lugares, más allá de ser un producto de ocio de los de usar y tirar. Porque lo único que ha evidenciado la carrera de forma muy descarada han sido las intenciones, no siempre declaradas, de ASO (Tour de Francia) y la UCI, que no son otras que ganar dinero de forma inmediata.

La UCI se ha pasado por el arco del triunfo los criterios que establecían los requisitos imprescindibles para otorgar a una prueba la categoría World Tour, cosa que iba a suceder en 2017 pero que tras la repentina e inesperada suspensión le deja con las vergüenzas al aire y un vacío en el calendario que veremos como lo resuelven. Todo una paradoja.

De los organizadores (producción de ASO y la intermediación de Eddy Merckx) no sabemos nada, más que se han largado con el dinero. Acabados los petrodólares que provenían del Ministerio de Turismo no han sido capaces de lograr un solo patrocinador en un país con la renta per cápita más alta del Mundo. Otra paradoja.

El Tour de Qatar se creó en 2002 y como la envidia se expande con la facilidad de la pólvora, sobre todo entre los ricos, luego le imitaron el Tour de Omán, Dubai o Abu Dhabi. Confiemos en que no les de ahora por copiar el desenlace final.

 

 

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