Madurez integral

El ser humano aprende por necesidad, es una cuestión de supervivencia y mientras no se vea acorralado se rinde a la ley del mínimo esfuerzo. Alejandro Valverde apenas ha requerido nada que no fueran sus cualidades físicas innatas para ganar donde más o menos se le antojaba y por ello, no ha desarrollado otras cualidades en las que otros se han especializado a costa de derrotas sangrantes por falta de capacidad.

 

Pese a contar mañana con 37 años no parece que sus músculos estén huérfanos de la dinamita que ha hecho explotar en llegadas de todo tipo, pero es evidente que ha afinado la puntería hasta ser prácticamente imbatible en este comienzo de temporada. Ha agudizado tanto su lectura y compresión de las carreras que apenas se le aprecia fallo alguno en sus ejecuciones. Las dos carreras de las Ardenas, la Flecha Wallona y la Liege-Bastogne-Liege, son dos claros ejemplos.

En la Flecha esperó pacientemente hasta la distancia ideal para erigirse como recordman absoluto de la prueba con 5 triunfos. En cambio en la Liege, tanta paciencia no le hubiera aportado más que un segundo puesto por detrás de Dan Martin, que había atacado dentro del último kilómetro ante la incertidumbre y el marcaje del resto de favoritos. De no haber sido por Valverde, Martin hubiera llegado, tal y como demuestra su segundo puesto. Nadie hubiera sido capaz de atrapar al Quick-Step y el murciano se dio cuenta de eso. Ahí estuvo la clave. La experiencia le permitió hacer la lectura perfecta y la fuerza ejecutarla con precisión. El resultado demuestra que ha logrado la madurez integral, el equilibro perfecto en las cuestiones que conciernen al rendimiento.

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