El Campeón humilde

La arrogancia no casa con Alessandro Ballan. Bastaba con verlo y escucharlo a los pocos minutos de haberse convertido en Campeón del Mundo para darse cuenta de ello. Aunque satisfecho y feliz por lo realizado, mostraba una mirada modesta y un semblante que rozaba la timidez. Su expresión era la definición exacta de la humildad. Como toda su vida, deportiva y personal.

Ballan pertenece a esa estirpe de corredores que se convierten en campeones casi sin quererlo. Les apasiona su oficio, persiguen el éxito, pero detestan lo que lleva consigo. “Espero que esta victoria no cambie mi vida”, ha sido una de sus primeras declaraciones. Prefieren el anonimato, escapan de los focos de la fama y buscan una vida sencilla. Siempre ha sido así para el corredor del Lampre.

Sus buenos registros en categorías inferiores llevaron a Ballan al todopoderoso Zalf-Desiree-Fior, el equipo más exitoso de Italia en el campo amateur. Según cuentan, Ballan abandonó una concentración del equipo para ir una noche a dormir a su casa, a pocos kilómetros del lugar de concentración. Aquello le supuso prácticamente la expulsión del equipo y, fichó por el Mapei-Trevigiani. En cuatro años sufrió casi tantas operaciones de rodilla como victorias, y ante la falta de oportunidades de pasar al campo profesional, estaba decidido a abandonar el ciclismo. Entonces llegó el exprofesional, Gianluca Pianegonda, director de otro equipo amateur. Pianegonda, no comprendía que Ballan fuera siempre obligado a trabajar para Francesco Chicchi hipotecando las inmensas posibilidades que él le atribuía al corredor de Castelfranco Veneto. Le costó mucho, pero le convenció para que fuera a su equipo. Le contó historias del Tour del Flandes, los mitos de Roubaix, hecho que intensificó la pasión que Ballan sentía por esas carreras desde que en 1994 el nuevo Campeón del Mundo vio por la televisión a Gianni Bugno, su ídolo, en De Ronde, junto con su hermano mayor, Andrea, profesional con el De Nardi durante el 2002, y su padre, fallecido hace ahora once años.

En su último año amateur Ballan ganó cuatro carreras y fue una pieza imprescindible para que su compañero de equipo Dainius Kairelis ganara el Giro amateur. No fue suficiente. Nadie le ofreció un contrato. Adiós. Pianegonda no podía permitirse tal fracaso. Llamó a Beppe Saronni, managerl del Lampre, y le dijo que, por favor, diera una oportunidad a Ballan. No hablaron de dinero, iría gratis si hacía falta, pero quería la firma. Andrea Gastaldello, uno de los jefes de Wilier-Triestina, empresa que abastecía las bicicletas al Lampre, hizo el resto. Llegó la firma.

El resto de la historia la conoce todo el mundo. Los Tres días de la Panne, una etapa del Tour del Benelux, el G.P. Laigueglia, pero sobre todo, el Tour de Flandes, la Hew Cyclassic, la etapa de la Vuelta a España en La Rabassa y el Campeonato del Mundo se han encargado de sacarlo de la sombra con la que convivía en perfecta armonía.

A partir de ahora ya nunca podrá caminar por la calle sin que le reconozcan y lo paren para pedirle un autógrafo. No dudo que accederá gustosamente y que todas las peticiones serán atendidas con humildad. Sin duda, su mejor particularidad.

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