Final de infarto

El Giro del centenario ha sido precioso, y el final extraordinario. Ni el mejor guionista lo hubiera imaginado de esa forma. La imprevista caída de Menchov ha otorgado unos instantes de tremenda incertidumbre al desenlace final, aunque al final, el destino ha premiado al mejor corredor de la carrera.

El desarrollo de la carrera me ha encantado. Primero porque hasta la llegada del líder el ganador ha permanecido en vilo, en un puñado de segundos. Segundo porque la disputa ha sido constante, y ni la montaña ha ofrecido una ventaja excesiva a los escaladores, ni la contrarreloj a los contrarrelojistas. En ese aspecto ha prevalecido un equilibrio, diría yo casi perfecto. Tercero, porque el ganador ha sido (para mí) una sorpresa. No porque considere a Menchov un ciclista menor, sino porque pensaba que volvía acudir al Giro con la pretensión de preparar el Tour, pero por lo visto se ha dado cuenta que en Francia, Alberto Contador, será seguramente imbatible. Cuarto, porque ha habido victorias de jóvenes promesas que han anunciado los logros que podrán obtener en un futuro cercano. También porque algunos veteranos (Petacchi, Scarponi, Bertagnoli…) han demostrado que siguen estando al nivel que exigen las grandes competiciones. Y quinto, porque tampoco es malo darse cuenta que los Dolomitas no son imprescindibles para ver una gran carrera.

Dicho esto debo reconocer que la forma de ganar de Menchov no me atrae en exceso. Casi todas las victorias que están basadas en las contrarrejoj no despiertan en mi excesivo interés, porque una vez que se haya conseguido el liderato se corre a la defensiva, y yo, prefiero un ciclismo de ataque. El que práctica Danilo Di Luca, por ejemplo. Por eso, y aunque haya quedado segundo, también hubiera sido un digno ganador.

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