Evans gana sin querer

Como quien no quiere la cosa, Cadel Evans ya ha ganado dos carreras importantes: la Tirreno-Adriático y el Tour de Romandía. En ninguna de ambas pruebas partía como el principal favorito. En la primera porque era prácticamente su debut y nunca es fácil ganar la primera carrera del año y menos ante la participación que había en la carrera italiana. Y en esta última porque salía de una lesión que se produjo el 31 de marzo al caerse en un entrenamiento y lastimarse la rodilla y el cuadriceps. Ese contratiempo le ha impedido entrenar con la debida intensidad y preparar la carrera como se merece una competición de ese nivel. Pese a todo ha sido el mejor.

Cierto que no ha tenido mucho brillo, porque no se ha destacado en ninguna especialidad, ni en montaña ni en la crono, pero ha sido el más equilibrado, cualidad que se premia en no pocas ocasiones. Todo esto demuestra que Evans tiene una clase fuera de toda duda.

Además, creo que esto tendrá sus beneficios de cara al Tour de Francia, su principal objetivo de la temporada. Es verdad que el australiano no inspira excesiva confianza porque ha fallado en demasiadas ocasiones, pero parece que este año la fuente de los desvanecimientos en los momentos decisivos puede tener solución. En mi opinión Evans llegaba a sus objetivos con demasiada carga de competición. Además de correr mucho lo competía todo. Y si eso fuera poco se sometía a concentraciones que en los finales de las vueltas grandes le pasaban factura. Le ha ocurrido en más de una ocasión.

En cambio este año, esta corriendo menos, y su lesión del mes pasado le ha obligado incluso a participar en menos carreras, algo que agradecerá su cuerpo. En estas circunstancias, y con dos victorias importantes en el zurrón, parece que puede encontrar la suficiente tranquilidad y frescura para hacer frente de verdad a Alberto Contador (si lo corre) y a Andy Schleck.

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