Sentimientos contrapuestos

Cada vez que veo a Alberto Contador en acción me asalta, por una parte, el agradable recuerdo del Peyresourde en el Tour de Francia de 2007, y por otra, la tristeza de no poder disfrutar de algo similar durante la edición de este año. Aquellas imágenes del Tour de Francia, con un Contador que atacaba sin cesar, una y otra vez, a un líder, que seguramente pasó los momentos más complicados sobre la bicicleta, son de lo mejor y más emocionante que he visto en los últimos tiempos en la carrera francesa.

Pero, acto seguido, ese recuerdo imborrable es interrumpido por la lamentable, injusta e incomprensible decisión que hizo público el Tour de Francia el 13 de febrero, de vetar al equipo de Alberto Contador de correr el Tour de Francia 2008. Cada vez que pienso en ello, me invade una rabia que seguramente sea la misma que sientan muchos aficionados, pero sin duda insignificante con la que sufre el propio corredor y que está provocando esa actitud tan atacante del ciclista madrileño.

Cada victoria que consigue Alberto Contador, o cualquiera de sus compañeros de equipo, se está convirtiendo en una reivindicación del derecho a tomar parte en el Tour de Francia, y es como si cada logro de ese equipo fuera un golpe directo a la mandíbula de los organizadores, que aunque se saldrán con la suya, quedarán afectados por tal injusta decisión.

Los aficionados que se acercaron a presenciar la primera etapa de la Vuelta al País Vasco disfrutaron, y mucho, con la exhibición de Contador, pero a la vez están tristes, porque una organización sin ética ni escrúpulos, y una Federación Internacional incapaz de hacer cumplir las normas, han arrebatado la posibilidad de poder ver en acción a uno de los corredores más espectaculares del momento en el Tour de Francia.

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