Cadel Evans está a punto

Cadel Evans no se quiere dejar impresionar por Bradle Wiggins. El británico le metió cinco segundos en la prólogo de Grenoble, pero hoy el australiano ha dado un golpe en la mesa para reivindicar su vuelta. Ha ganado la etapa y ha metido cuatro segundos al pelotón. Es una buena noticia.

La falta de grandes esprinters en el pelotón ha dejado la carrera un poco loca, y de hecho Markel Irizar, que iba en la escapada del día, a punto ha estado de dar un susto al pelotón. El bravo corredor del RadioShack que año tras año está progresando de forma llamativa, ha sido atrapado a 6 kilómetros de la meta, momento que ha aprovechado Pierre Rolland para atacar y Cadel Evans para rematar llevándose a rueda a Jerome Coppel y Andrei Kashechkin. Han llegado los tres.

Ha sido un movimiento inesperado. Para desgracia de este deporte, ningún líder acostumbra a disputar las carreras de esa forma. Habitualmente son esfuerzos baldíos por el férreo control que ejercen los equipos de los esprinter. Mucho esfuerzo y nula recompensa. Pero en la Dauphine no hay esprinters, no hay tanto control. La puerta del espectáculo está abierta.

Ni de la crono del primer día se pueden sacar conclusiones, ni tampoco de la etapa de hoy, salvo un par de apuntes. Una que Evans ha vuelto. Es la primera vez en la temporada que se le ve al nivel de un ganador del Tour de Francia. Exceptuando su victoria en el Criterium Internacional, su imagen ha sido la de un corredor normal. Sin más. Lo de hoy no está en manos de cualquiera.
Ayer comenté que Andy Schleck lo lleva claro en la crono larga del jueves. Hoy me reafirmo. Se ha quedado en un puertillo de tercera si poder seguir el ritmo del pelotón. Vinokourov también.

No seré yo quién defienda que hay que exhibirse en la Dauphiné como garantía de hacer un gran Tour, los datos dicen lo contrario, pero de ahí ha quedarse en un puerto insignificante es alarmante.

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