Un ogro

Anda suelto en el pelotón un animal salvaje con mirada feroz y una fuerza bruta que está sembrando el pánico. Se llama Peter Sagan, es eslovaco, tiene 22 años y pese a que lleva sólo tres años en la selva del pelotón ya es el rey de una parcela importante. No parece respetar las reglas de nadie, se rige por sus propias normas y las impone con autoridad. No hay forma de detenerlo.

En Seraing, primera llegada en repecho, no respetó la petición de relevo de Cancellara, no se achicó ante el líder al que batió, quizás de forma no elegante, pero sabia. Tampoco respetó la teoría de la experiencia, que dice que lo normal es que pasen unos cuantos años hasta que un corredor joven se imponga a los que se encuentran en plena madurez. Sagan igualó a Fabio Baldato, que en 1995 ganó el día de su debut en la carrera, pero contaba con 27 años. Sagan sólo tiene 22 años y es el corredor más joven en ganar una etapa del Tour desde 1993.

Y hoy no ha respetado nada. Hoy ha impuesto su ley de forma absoluta. Ha hecho y desecho todo a su antojo. En un repecho de 700 metros con un porcentaje algo superior al 7 %, el único principio que se acepta es la fuerza, característica que posee a raudales el eslovaco. En cuanto se pone de pie sobre la bicicleta parece que cada pieza de la misma puede saltar por los aires por la descomunal fuerza que ejerce con ímpetu a cada pedalada. Cada fibra de su prodigiosa musculatura se contrae con tanta tensión que sería capaz de romper la cadena. Ha sido tan superior que hasta los grandes corredores que le han seguido en la clasificación se han convertido en presas dóciles incapaces de esquivar el zarpazo de un ogro maravilloso para la vista.

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