Sentenciado

Este Tour ha quedado visto para sentencia y en base a los argumentos y las pruebas aportadas Wiggins será el ganador. No cabe otra posibilidad. Así lo dictaminaría el jurado popular, los aficionados, que en una semana ya han visto el devenir de esta carrera. Y así lo ejecutará el juez único de la contienda, la carretera.

Wiggins ha dado un golpe sobre la mesa. De un plumazo ha disipado las dudas que existían entre los periodistas y aficionados sobre el liderazgo que le podía discutir su compañero Froome. No habrá tal discusión. Froome, más fuerte que en la Dauphine y el único corredor que podría poner en jaque a su líder en montaña, deberá someterse a las órdenes del equipo y cumplir con el plan que llevan desde la creación del mismo: ganar el Tour con Wiggins. Y los adversarios habrán caído en la depresión al ver que Wiggins camina ya hacía el cielo de la historia. Será inalcanzable y deberán luchar por las migajas que deje el Sky, que probablemente sea sólo el tercer puesto de la general. Ese será casi el único aliciente de este Tour, objetivo por el que lucharán ni más ni menos que Evans, Nibali, Menchov, Zubeldia y hasta Van den Broeck. A nada que corran con inteligencia, cosa que no hicieron el año pasado en la Vuelta, los dos primeros bien pueden ser Wiggins y Froome.

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