A la conquista de Italia

Bradley Wiggins ya hizo historia el año pasado al ser el primer inglés en ganar el Tour de Francia. Ahora quiere lo mismo en el Giro de Italia y aunque trabas no le faltarán, no parece que nadie pueda detenerlo. Es, sin duda, el favorito número uno. Así lo indican las encuestas, las apuestas y hasta los análisis más sesudos. Tal y como se vio en el Tour del año pasado el único que actualmente podría hacerle sombra es su compañero de equipo Chris Froome, pero por fortuna para los dos no se encontrarán hasta la ronda francesa, carrera que se puede convertir en una trifulca al estilo de Lemond-Hinault o Armstrong-Contador. Pero eso ya lo contaré en otro momento.

Se mire por donde se mire Wiggins lo tiene todo a favor. Por encima de todo está él, concienciando de seguir haciendo historia y motivado con los retos que se propone. Como es habitual ha llevado una preparación milimétrica sin desviarse un ápice de los planes establecidos. Y según sus declaraciones ha llegado pletórico. No parece mentir. Fresco está pues sólo ha competido en 19 días, menos que la mayoría de sus adversarios (Nibali 27 días, Evans 20, Scarponi 21, Gesink 29). Solo Hesjedal y Samuel Sánchez han competido menos que él, 17 días. Wiggins ha corrido el Tour de Omán (74º), carrera en la que ayudó a Froome, y Cataluña y Trentino, pruebas que finalizó en quinta posición. Su progresión, por tanto, es clara. Ha declarado sentirse como nunca en montaña, especialidad que ha trabajado especialmente este año en sus numerosas concentraciones en altitud, entrenamiento que llevan a cabo cada vez más corredores. La verdad es que se le vio más suelto en Trentino que en Cataluña. En uno de los finales en alto Nibali no paró de atacarle pero el británico lo seguía con una suficiencia insultante. En la otra jornada de alta montaña poco pudo hacer ya que sufrió una avería en la última subida y perdió los papeles y todas las opciones de victoria.

Wiggins trasmite una seguridad inquebrantable. Pedalea con una soltura y una ligereza que no permite detectar ninguna debilidad. Tras ganar el Tour de Francia corre con un aire de grandeza que poco le beneficia como persona pero que achica a los rivales. Todos se abren a su paso. Maneja muy bien las situaciones complicadas y busca la debilidad psicológica del adversario, cosa que creo está haciendo con su compañero Froome. La frialdad le puede beneficiar en el tumulto que no pocas veces se convierte el Giro de Italia.

Además cuenta con una crono de 55 kilómetros, etapa clave en todos los sentidos. Primero por las diferencias que puede conseguir. No olvidemos que el año pasado logró casi 6 minutos de ventaja en las cronos del Tour de Francia con respecto a Nibali, que no es cojo en la especialidad. A partir de ese día todo el mundo tendrá la necesidad de atacar pero que lo hagan será otra cosa. El tran-tran que pueden poner Siutsou y los dos colombianos del equipo, Uran y Henao, puede quitar las ganas al más pintado. Algunos italianos se las prometen felices por la personalidad ofensiva de Nibali capaz de atacar tanto en subidas como en las bajadas, pero ya quedó claro en Cataluña que pillar desprevenido a Wiggins en las bajadas es muy complicado.

Por fortuna todo eso no es más que pura teoría y no siempre aplicable a la práctica, actualmente menos que nunca. Nadie puede escapar de los caprichos del cuerpo humano, que con el recorrido que presenta la carrera se pondrá a prueba durante más de un día, sobre todo en las últimas jornadas. Habrá ocasiones en la que los corredores llegarán a tal extremo de fatiga que no habrá retorno posible y se podrá perder todo lo ganado o ganar todo lo perdido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *