Regreso al pasado

Tengo la sensación que una de las aportaciones de este Giro está siendo un regreso al ciclismo del pasado, que no era ni mejor ni peor, sino diferente. Más humano, diría yo.

Según hemos podido constatar en la bellas etapas dolomíticas, ningún corredor está actualmente exento de pagar los impuestos por los sobreesfuerzos. Aunque mínimas todos, a excepción de los sorprendentes corredores del Navigare, han tenido alguna crisis inesperada en alguna de las etapas pasadas. Denis Menchov, sorprendió en Alpe Di Pampeago, pero no pudo ofrecer el mismo recital en las dos etapas siguientes. Gilberto Simoni, estuvo más activo en la primera de las tres etapas discurridas en territorio dolomítico. Marzio Bruseghin, no estuvo a la altura de la primera crono ni de la del Santuario de Oropa del año pasado. Alberto Contador, aunque completamente capaz de gestionar con maestría sus fuerzas y su ventaja en la General, tuvo sus más y sus menos en Alpe Di Pampeago y en el Giau, además de no poder demostrar sus verdaderas cualidades contra el crono en Kronplatz. Ricardo Riccó, pese a demostrar una buena recuperación y haber progresado en su gestión de las fuerzas contra el crono, ha estado más valiente que poderoso. Danilo Di Luca ha sido quien más altibajos ha sufrido y por ello se encuentra peor situado en la General. Y Franco Pellizzoti, se sorprendió a sí mismo negativamente en la Marmolada, y positivamente en la crono de Kronplatz.

Este tipo de ciclismo es el que se vivió en la década de los ochenta en la que incluso campeones de la talla de Bernard Hinault, Greg Lemond, Pedro Delgado, Laurent Fignon, Stephan Roche, etc… no tenían otro remedio que aceptar las normas naturales de sus privilegiados cuerpos, algo que desapareció en la década posterior haciendo de los ciclistas una máquinas perfectas con un rendimiento casi matemático.

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