Cal y arena en la Dauphiné

El ciclismo lleva cierto tiempo analizando los cambios que necesita para ser un deporte más disputado y espectacular, mejor distribuido y más atractivo para una mayor masa de gente que es al fin y al cabo la clave para atraer más sponsor e inversiones. De momento no se han producido cambios arriesgados que pongan en duda la formula que satisface a las anticuadas estructuras de poder, pero la preocupación por mejorar y el posterior análisis ya está contribuyendo a algunos cambios, evidentemente, siempre discutibles. La Dauphiné ha resultado una carrera interesante para sacar algunas conclusiones.

 

Geraint Thomas ganador de la Dauphin 2018

De un tiempo a esta parte se han tomado, sobre todo, dos decisiones; realizar una reducción mínima en el número de corredores por equipo (uno menos) y la reducción de kilómetros en las etapas. El resultado no está siendo malo. Ninguna etapa de las tres más duras de la Dauphiné ha superado 140 kilómetros, lo que no ha sido óbice para ver una carrera acorde al prestigio de la misma. No por ser cortas se han dado menos diferencias en meta, ni todos los corredores han podido evitar el peso que supone una carrera tan dura y recuperar su condición por igual día tras día. El propio líder y ganador Geraint Thomas tuvo que aflojar su marcha durante los ataques de la última etapa cediendo ante el ímpetu de Bardet y Adam Yates. Otro dos líderes del propio equipo Sky, Kwiatkowski y Moscon, sucumbieron sin disimulo por el trabajo realizado los días anteriores y también, seguro, por el cansancio extra que supone llevar el amarillo y verse obligado a responder ante esa responsabilidad. Dan Martin también tuvo sus altibajos, al igual que Marc Soler o Ilnur Zakarin, pero sobre todo Jungels que derrumbado ante el cansancio en la jornada final se dejó más de 18 minutos y 14 puestos en la General. Todo ello, repito, con etapas de menos de 140 kilómetros, que son suficientes para ver un buen ciclismo. La cantidad de más kilómetros no garantiza una mejor calidad. Cierto que con etapas de más de 200 kilómetros y más desnivel acumulado las diferencias en meta pueden ser mayores (que no siempre), pero normalmente se deben al simple desgaste, al desfallecimiento, no a la actitud ofensiva grupal y a los ataques entre los rivales directos, que es mucho más vistoso y está mas garantizado en etapas cortas, donde el corredor no se arruga como ante las dificultades excesivas.

Jungels desfalleció en la última etapa

En este breve análisis tampoco podemos pasar por alto la condición física de cada corredor, que es el principal motivo del comportamiento de los protagonistas. Seguramente, ninguno de ellos está al ciento por ciento y por ello es más lógico y habitual verse envuelto en ese tipo de complicaciones, pero repito que para ello no hacen falta etapas largísimas, que poco o nada aportan ni a la disputa ni al espectáculo.

El Sky fue una máquina perfecta en la crono por equipos

Destacado el punto positivo de la carrera, también tengo que subrayar algo que no me ha gustado tanto y en mi opinión ha condicionado de forma excesiva la clasificación: la crono por equipos. Una prueba de ese tipo tiene una influencia exagerada sin más mérito para un líder que contar con un gran grupo para la especialidad. El Sky barrió a todos sus rivales en 34 kilómetros afectando no solo la clasificación de otros favoritos si no también su moral. Cediendo un minuto o más por el hecho de contar con un equipo u otro te conduce más al desaliento que al ánimo por atacar por mucha necesidad que se tenga. Los equipos siempre tienen un porcentaje de importancia en el resultado, pero nunca tan decisiva como en una crono por equipos. De no haber sido por la misma Adam Yates, Bardet, Buchmann y sobre todo Dan Martin (su equipo cedió 2’28’’ con respecto al Sky) hubieran podido tener alguna opción de victoria y su comportamiento bien hubiera sido más ofensivo ante las posibilidades reales de un logro importante.