El ataque, la mejor defensa

A una semana del final de la carrera, y pese a un recorrido que aún puede deparar más de una sorpresa, el Giro de Italia se va perfilando para su composición final, que para nada será la prevista. Es probable que por la falta de recuperación haya alguna sorpresa, pero creo que nadie se puede atrever a pronosticar un vuelco como el del año pasado. La historia se escribe con pincel, no a brochazos.

En estos momentos, me decanto por pensar que la carrera está entre tres corredores, los tres primeros de la general, otorgando la mayoría de opciones a Richard Carparaz, por razones tan evidentes como su fortaleza. El ecuatoriano ha dejado un par de exhibiciones y otros cuantos detalles que deben ser tomados muy en serio. La primera tuvo lugar en Frascati, meta de su primera victoria. En su día no se hizo otra lectura que el típico demarraje de un corredor rematador, pero la intensidad que pudo desarrollar en el último repecho y el tiempo que fue capaz de mantenerlo, bien hubieran merecido más elogios de los que se le atribuyeron en su momento.

Carapaz ganando en Frascati

La segunda exhibición llegó en la subida al Lago Serru. Mientras todos nos centrábamos entre la demostración Mikel Landa y la inquietud que provocó Mikel Nieve cuando a poco de meta alcanzó al, a la postre, ganador Ilnur Zakarin, fuera de las cámaras Richard Carapaz realizó una exhibición que no se pudo apreciar pero que el tiempo empleado en la subida dejó patente para asombro de no pocos. En los cinco últimos kilómetros aventajó en 32 segundos a Landa, que también estuvo espectacular, y un minuto y 20 segundos a Roglic y Nibali, que es una barbaridad. Al día siguiente, cuando otros ya empezaban a sentir piernas de plomo por el cansancio acumulado, el ecuatoriano redondeó la jornada con una victoria y un liderato que debe preocupar de forma muy sería a sus adversarios.

También me gustaría subrayar otro detalle que puede pasar desapercibido pero que tiene su importancia por la superioridad que sugiere. Poco antes de la llegada a Como, cuando Nibali exhibiendo una vez más sus virtudes técnicas cogió algo de ventaja bajando Civiglio, Carapaz lo pudo resolver en cuatro pedaladas una vez que llegaron al llano. Vamos, que cuando había que apretar los pedales, Carapaz los estrujo de tal forma que cortó por lo sano las ansias del italiano.

Landa al ataque

Ahora la cuestión es saber qué tipo de defensa diseñará el Movistar para proteger a su líder, sobre todo el papel que desempeñará Mikel Landa. Por mi parte no tendría ningún impedimento en darle libertad de movimientos, pasando incluso por el ataque, que puede ser la mejor forma de defensa. Lo único que le debe preocupar al Movistar es que Carapaz vaya a rueda el mayor tiempo posible, pero para eso no es imprescindible obligar a Landa a tirar del grupo cuando el resto de compañeros no pueda. Es más, yo provocaría un ataque suyo para que desencadenara una reacción de los adversarios más directos de Carapaz, Roglic y Nibali, y luego fuera el propio ecuatoriano quien ejecutara a los rebeldes aprovechando su desgaste en la caza del corredor vasco. Creo que esa estrategia puede resultar más eficaz que la ortodoxia de llevar todo el peso de control tirando del grupo de los mejores.

Carapaz se vistió de líder el 25 de mayo

Por último, añadiría un dato anecdótico para que aquellos que confían en una razonable victoria de Carapaz, puedan también añadir algo de fe en el destino. Carapaz vistió su primer maillot rosa el 25 de mayo, algo que hicieron con anterioridad Giussepe Saronni en 1979, Eugeny Berzin en 1994, Alberto Contador en 2008 y Chris Froome en 2018. Todos ellos acabaron ganando el Giro de ese mismo año.

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