Giro cento per cento

Como cada año en ésta época el ciclismo respira de una forma singular gracias al Giro de Italia que con su color rosa evoca al romanticismo más puro de este deporte. En Italia sigue sin deteriorarse el espíritu que se apoderó del corazón de los italianos que viven con una pasión única el esfuerzo y sacrifico al que se someten los ciclistas. Y en ésta edición, la del centenario, más que nunca.

En parte porque el Tour de Francia va camino de convertirse en un coto cerrado de Chris Froome, y en parte por el atractivo de un recorrido, a priori, bastante más equilibrado que en años anteriores donde se han visto auténticas salvajadas, el Giro de este año contará con un elenco de corredores muy destacable. Estarán entre otros el mejor escalador del Mundo, Nairo Quintana, y el mejor corredor italiano y último ganador, Vincenzo Nibali.

Eso ya sería suficiente para que los buenos aficionados italianos se entregaran por completo a la contienda, pero es que este año, además, los opositores al pódium son muy numerosos y se prevé que con unas posibilidades muy similares lo que podría ser garantía para un espectáculo a la altura de la conmemoración. Los Pinot, Geraint Thomas, Mikel Landa, Steven Kruiswijk, Tom Dumoulin, Ilnur Zakarin, Bauke Mollema, Tejay Van Garderen, Bob Jungels o el siempre combativo Domenico Pozzoivo quieren asaltar los poderes hasta ahora prohibidos.

 

Con 70 kilómetros contra el crono (en dos etapas), el Giro no sólo será cuestión de escaladores. Cada kilómetro contra el crono vale el doble que el de las subidas donde las diferencias, por norma general, son cada vez más pequeñas. Los segundos de muchas metas de montaña se convierten en minutos cuando se trata de luchar en solitario contra el tiempo y por ello ciclistas como Dumoulin, Thomas, Van Garderen o Jungels cuentan con más posibilidades que en otras ocasiones. A priori, se presentan con verdaderas opciones para entrar por primera vez en el pódium de una grande, logro que estuvieron a punto de conseguir incluso en el Tour de Francia, donde no pudieron superar uno de los mayores problemas que se les volverá a presentar en éste Giro de Italia: mantener la regularidad hasta el final, cosa que nunca han logrado.

Dumoulin estuvo a punto de ganar la Vuelta a España de hace dos años pero la perdió a una jornada del final. Mollema era segundo a dos días del final en París en el Tour del año pasado, pero, al final, terminó en undécima posición. Van Garderen parecía tener asegurado el pódium en el Tour de Francia del 2015 pero en la 17ª etapa se tuvo que retirar por unos extraños problemas de salud. En el mismo Tour, Geraint Thomas sufrió una pájara del tal calibre en la 19ª etapa que bajó del cuarto puesto hasta el decimoquinto final. En este Giro se verá si es un problema solo del pasado.

Llevan tiempo preparando con mimo la cita cerrando la boca y apretando los dientes para mejorar sus prestaciones en montaña porque las de la crono se les supone, aunque la historia demuestra que ese intento no siempre ofrece los frutos apetecidos. En ocasiones no conviene ir contra natura.

 

En el lado opuesto están los escaladores, más numerosos y con mayor pedigrí, sobre todo Quintana y Nibali, los únicos que no temblarán ante la inmensa presión que conlleva la responsabilidad para la que se presentan. Por muy italiano que sea Nibali sabe que el colombiano está por encima de él, entre otras cosas porque nunca lo ha superado en una grande y pese a ser especialista en inventarse situaciones que le lleven a la victoria (el año pasado) este año se presenta ante un rival con más entidad que además es superior en montaña y no acostumbra a tener desfallecimientos en los días clave. Nibali deberá apoyarse en la estrategia, un arte que maneja como pocos, y buscar alianzas con corredores como Pinot, Adam Yates o Mikel Landa que gustan de correr al ataque y, en ocasiones, de forma anárquica para desajustar los entuertos más complicados. En un cara a cara en montaña no parece que nadie pueda desbancar a Nairo Quintana. De todas formas, los escaladores, aparte de las cronos, cuentan con otro problema este año. De las 6-7 etapas de montaña no todas muestran excesivas complicaciones. En la etapa del Etna, el Blockhaus, Oropa y Piancavallo, el puerto del final será casi el único ascenso que deberán afrontar, hecho que permitirá a los no escaladores llegar más ligeros de cansancio y con más reservas, lo que dificultará grandes diferencias entre los favoritos.

 

Se podría seguir escribiendo sobre teorías del rendimiento, pronósticos, estrategias, equipos y recorrido pero en todo caso sería un esfuerzo baldío intentar adelantar lo que pueda deparar el difícil camino hacia Milán, porque el Giro siempre está lleno de imprevistos incontrolables que enriquecen el espectáculo de forma especial. El Giro, todo el mundo lo sabe, es una carrera única y la de está edición con más razón porque es un Giro cento per cento.

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