Todos los caminos conducen a…Verona

La edición 102 del Giro de Italia saldrá de Bologna para llegar a Verona tras 21 etapas y 3.578,8 kilómetros, con tres cronos individuales que supondrán casi 60 kilómetros de lucha en solitario y cinco finales en alto de una dificultad diversa y, seguramente y como de costumbre, menos decisivas que las cronos.

Roglic ha ganado todo lo que ha corrido en 2019

El primer corredor que se ha apresurado a llegar al lugar de salida ha sido Primoz Roglic, el exsaltador de saltos de esquí que lleva volando un año completo, exactamente desde la pasada Itzulia. Desde abril del 2018 ha disputado 8 vueltas por etapas y ha ganado seis, por supuesto las tres que ha disputado este año. Su peor resultado ha sido el cuarto logrado en el Tour de Francia donde también ganó una etapa. Si la victoria es un aval, tiene una hoja de presentación que aunque no el éxito, le garantiza plena confianza en sus fuerzas, por lo que no es mal punto de partida.

 

Dumoulin dispuesto para el Rosa

Junto con el esloveno, el corredor más equilibrado, frio y regular es Tom Dumoulin, el sorprendente ganador del Giro de Italia de hace dos años, y que el año pasado quizás hubiera repetido victoria si no hubiera cometido el error táctico de esperar refuerzos cuando Chris Froome cabalgaba en solitario en el Colle delle Finestre. Del corredor holandés apenas se han tenido noticias desde el segundo puesto del Tour de Francia del año pasado. Tampoco hacen falta, Dumoulin tiene tanta calidad que se puede dar por seguro que ofrecerá su nivel habitual, que ha sido muy alto en las dos últimas temporadas, tanto que parece alojado de forma definitiva en los pódiums de las grandes vueltas.  Llega con 16 días de competición y ningún resultado que ofrecer, pero con un amplio trabajo realizado en altitud, que en su caso es una garantía de estar dispuesto pese algún comentario dudoso que dejó caer hace poco sobre su estado de forma.

 

Simon Yates con ganas de revancha

De los seis corredores que se presentarán en primera línea, los otros cuatro son escaladores: Simon Yates, Miguel Ángel López, Vincenzo Nibali y Mikel Landa. Que nadie piense que Yates cometerá el mismo error del año pasado, donde habiendo sido líder durante 13 días y teniendo la carrera en la mano, una pájara monumental en la etapa de Finestre (quizás por excederse en exhibiciones cuando rebosaba energía y descuidar sus reservas) le dejó abatido aunque no hundido como demostró ganando la Vuelta a España a final de temporada. De los escaladores será el que menos sufra contra el crono (ganó la de la París-Niza) y se da por sentado que no decrecerá su nivel en montaña, lo que le convierten en una seria amenaza para cualquiera. Tiene ganas de revancha, de someter a la carrera que creía tener bajo control, y ese punto de rabia contenida puede ser otro factor a su favor.

 

Miguel Ángel López exhibiéndose en montaña

Pese a no jugar un papel decisivo en ninguna de las dos carreras, Miguel Ángel López fue tercero el año pasado en el Giro y en la Vuelta, algo al alcance de no muchos corredores. El Astana se encuentra en una especie de vorágine tan positiva que la mayoría de sus ciclistas están pedaleando con más ímpetu que nunca y obteniendo unos resultados extraordinarios. Corredores del prestigio de Ion Izagirre (ganador de la Itzulia, etapa en París-Niza y la Vuelta a Valencia) o Pello Bilbao (etapa en Murcia y 6º el año pasado en el Giro) se convertirán en gregarios obedientes a favor del colombiano. Es un claro indicador de la confianza que ha despertado este año Miguel Ángel López en el seno del equipo, que confía plenamente en encadenar el Giro con las victorias en la Volta y previamente en la Vuelta a Colombia. Su fortaleza radica en la montaña, su debilidad, la crono, donde es incapaz de desarrollar grandes potencias.

Nibali siempre en actitud ofensiva

Físicamente algo inferior al resto Nibali cuenta con la ventaja de la experiencia y un conocimiento total de la carrera y su propio cuerpo. Como de costumbre afrontará la carrera (su 21ª gran vuelta) con las máximas aspiraciones y raro será que no consiga algo grande. Nibali es un corredor de raza, un animal deportivo que se revuelve como nadie cuanto más herido está, siempre busca alguna alternativa, alguna encerrona para salir victorioso de cualquier emboscada. En 2016, en su segunda victoria en el Giro, se encontraba a casi cinco minutos del líder Kruijswijk a tan sólo tres días final y con tres corredores delante de él. Nadie sabe cómo, pero lo ganó, porque sobre todo corrió con toda su alma, sin dar por perdido nada y dándolo todo por ganar. Es la esencia de un corredor que ha ganado las tres grandes vueltas, algo que solo lo han conseguido siete hombres en toda la historia de este deporte: Anquetil, Merckx, Gimondi, Hinault, Contador, Nibali y Froome.

Landa ganando a base de clase en Coppi-Bartali

Por último, aunque no el último, conviene no menospreciar las opciones de Mikel Landa, un corredor imposible de juzgar por la lógica del razonamiento porque es especial, un artista que no se ajusta a ningún método, difícilmente comprensible desde el sentido común. Landa tiene tal riqueza física que es imprevisible, algo que descontrola a todos sus rivales, que se temen lo peor cuando tiene el día. El de Murguía llega en una situación inmejorable. Su rendimiento en el Acebo (6,11 w/kg durante casi 30 minutos ) es una garantía absoluta sobre su estado de forma, y por primera vez no tendrá que compartir liderato con nadie, algo que siempre había reivindicado estando en el Astana y el Sky. Ahora no existe excusa, con 29 años y con casi todo a favor (las cronos no) tiene que acreditar lo que se le presupone, una gran vuelta en su palmarés.

 

Todos estos corredores han llegado por diferentes caminos y de diferente forma a la salida de Bologna. A partir de ahora tendrán que recorrer el mismo itinerario hasta Verona, pero solo uno lo hará antes que los demás. Será apasionante descubrir quien.

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