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Y es que el ciclismo actual es así. Lo hemos visto en el Giro y lo volvemos a ver en el Tour. Un día falla uno y al siguiente falla otro. Las vueltas las ganan los más regulares, quienes menos fallan.

Ayer pudimos ver una etapa de las de recordar, que es lo que hace grande a este deporte. Una fuga de salida con 24 corredores, no consentida. Una persecuión alocada, que seguramente luego pasó factura. Ritmo infernal en el mítico Tourmalet, que ya pusó de manifiesto quién no ganará el Tour. Alguno no supó interpretar la maniobra de CSC a tiempo, y se dedicaron a ponerse ropa para el descenso en vez de tirarse a tumba abierta para reducir diferencias de inmediato. Y eso les pasó factura, porque la táctica de CSC fué de pizarra. Y la clave de la etapa estuvo en ese paso de Tourmalet, donde Voigt él solito sacó de la general a Cunego, Valverde, Kreuziger y Samuel Sanchez entre otros.

Bueno, lo de Samuel es un tema diferente, ya lo saben. Públicamente dijó que la general no le aportaba nada, que el quinto puesto no era inportante. Sin embargo ayer llegó al Hotel enrabietado porque Astarloza no le esperó en Tourmalet. Samuel tiene que aclararse en sus objetivos y no mentir en sus declaraciones. Menos cuando perjudica a compañeros.

Se llegó a Hautacam y se vivió una situación bonita. Saunier-Duval trata de ganar la etapa, y los auténticos líderes de la general se vigilan entre ellos. Menchov y Evans ya entienden que son los que más opciones pueden tener, pero la actualidad hace que seamos prudentes ante cualquier pronóstico.

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