Líderes

Cadel Evans está tremendamente orgulloso y feliz del maillot que ha logrado en el alto del Hautacam y lo que ello representa. Es su primer amarillo, el primero en la clasificación general. Un líder de verdad. Uno de los favoritos principales. Si no el principal. El posible sucesor de Alberto Contador. Un corredor que puede hacer historia para su país dándole la primera victoria en el Tour de Francia.

Pero me pregunto yo, viendo como está el ciclismo actual, si no hubiera sido preferible que, por ese raquítico segundo, se hubiera puesto de líder Frank Schleck, que por otra parte también lo tenía merecido por la extraordinaria estrategia empleada por su equipo. Porque así, creo yo, el CSC controlaría la carrera de la forma ortodoxa, esto es, tirando en cabeza del pelotón defendiendo al líder hasta que la carretera ponga a cada uno en su sitio.

Pero viendo el desenlace de la carrera estos dos últimos días, está claro que Evans no tendrá a nadie para imponer un ritmo que ponga a raya al resto de sus adversarios, y él será incapaz de controlar todos los ataques que se producirán en los Alpes. Porque por pura lógica, todo el mundo atacará al líder. Se está viendo que al no haber un ritmo exigente, las subidas se hacen a tirones, lo que provoca un descontrol total que permite que algunos corredores no tan fuertes se puedan distanciar.

He de decir también que este tipo de ciclismo sin un líder sobrehumano y un equipo con labores de apisonadora me gusta más que lo que hemos vivido desde los 90. Con Miguel Indurain y Lance Armstrong disfrutaba por lo que presentaban ellos mismos, no con su excesiva supremacía . Su superioridad era tal que impedía la competitividad. Sufría por la impotencia de sus adversarios. Era excesivamente monótono. Aunque apreciaba sus virtudes extraordinarias, su profesionalidad y el hambre de victoria en el caso del americano.

Pero en el ciclismo actual (y a falta de Contador) no hay ningún líder que cuente en el último puerto con dos o tres compañeros que impongan un ritmo hasta que su jefe haga saltar por los aires al grupito de elegidos. Ahora cada uno se tiene que sacar sus propias castañas del fuego. Es una lucha más abierta, cara a cara, sin concesiones. Nada está ganado, nada perdido. Es todo mucho más excitante.

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