Ya nada sorprende.

Ya nada nos sorprende. Y esto tedrá su lado positivo y su lado negativo. Hace diez o quince años años, el dar positivo era muy poco común. Prácticamente no había casos positivos en el ciclismo. En los últimos cinco años han saltado todas las alarmas, se ha sucedido un caso tras otro. No voy a entrar en el motivo, pero la realidad ha sido ésa. Creo que estamos saliendo de un periodo en el que la noticia no ha sido el deporte. El dopaje ha ocupado todas las portadas y todos los titulares, y el ciclismo ha ido perdiendo ilusión en todos los aspectos. El corredor se ha sentido acosado, y la afición se ha sentido engañada. Mientras tanto, desde muchos sectores se ha machacado a este deporte, pero lo cierto es que los positivos se han ido sucediendo.

Llegados a este momento, creo que estamos en el punto más bajo de afición por este deporte. Y ahí es donde quería llegar. Será dificil que el ciclismo sea peor visto de lo que está siendo en este periodo. Un control positivo ya no sorprende a nadie, el tema de Valverde ya no importa al lector. Es síntoma del cansancio que tiene la afición por este deporte, pero lo bueno es que más desencantados no pueden estar. A partir de ahora sólo nos toca crecer y recuperar la fe, pero eso con el permiso de la crisis. Cuando ya parece que que el dopaje no hace daño, ahora es la crisis. De cara al patrocinio, puede ser un nuevo golpe, y más teniendo en cuenta las terribles exijencias que se imponen desde el propio ciclismo en este tema.

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