Lo que le faltaba al ciclismo austríaco

Vaya por delante que por principio creo a todo corredor. Aunque cada vez cueste más trabajo, creo en valores como la sinceridad, honradez, rectitud o la bondad. Pero no soy ningún ingenuo, aunque más de uno, y seguramente con razón, me haya tildado de memo o simple por la ciega confianza mostrada en más de un caso por positivo.

Debo reconocer que, por ejemplo, Stefan Schumacher me engañó como a un niño. Cuando se conoció su primer caso por positivo en 2005 pero fue absuelto tras mostrar ciertos argumentos al parecer creíbles, yo le creí. La UCI también. Luego, poco antes del Mundial de Stuttgart, dio unos valores hemáticos anómalos que, según su explicación, se debían a una descomposición que había sufrido. Le creí. La UCI también, porque no encontró argumento para castigarlo. Pero el tiempo, el Tour de Francia 2008, las Olimpiadas de Pekín y los controles han demostrado que mentía. Sus casos de positivo por CERA son irrefutables.

Pero lo peor es que hay corredores que están dispuestos a seguir su ejemplo, por nefasto que sea. El ciclista austríaco Christian Pfannberger ha sido suspendido por su equipo por haber dado no negativo en un control sorpresa el pasado 19 de marzo. Por entender puedo entender la actitud de un deportista que recurre al dopage para mejorar sus prestaciones y con ello mejorar económicamente, pero no lo es tan fácil como se trata de un corredor que en 2004 ya fue sancionado a dos años por positivo con EPO.

Tras el caso de Bernahard Kohl el año pasado en el Tour, al ciclismo austríaco sólo le faltaba un caso como este para hundirse en la miseria.

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