La leyenda del Mont Ventoux

Al Tour de Francia sólo le queda el Mont Ventoux. Y el final en París, claro. Será un final apoteósico. Como casi todos los finales allí arriba. El Ventoux está lleno de leyendas, la mayoría de ellas negras. Sobre todo la de 1967, cuando Tom Simpson falleció a causa del exceso de anfetaminas, alcohol y esfuerzo. Pero también Eddy Merckx sufrió la dureza del Gigante de Provenza. El gran belga sufrió más que en los Pirineos o Alpes y necesito oxigeno al ganar en 1970.

Este año puede ser una buena ocasión para equilibrar la balanza de desgracias del Ventoux y sustituir esas calamidades en algo vistoso y positivo a la vez. Quizás sea pura fantasía pero tengo el presentimiento de que algo maravilloso ocurrirá camino de la cima.

Decididos, en teoría, los dos primeros puestos, la lucha en la general se centrará por el tercer puesto, para el cual hay cuatro corredores que están separados por 38 segundos. Una minucia. Uno de los pretendientes a obtener ese puesto es Frank Schleck, hermano mayor de Andy, el segundo clasificado. Los otros dos, Armstrong y Kloden, son compañeros de equipo de Contador, el líder. El cariño que se profesan los hermanos Schleck ha quedado de manifiesto en muchas ocasiones, y tengo la intuición de que Andy Schleck se dejará el alma para que su hermano mayor alcance el podium. Para ello tendrán que atacar los dos y dejar atrás a Armstrong y Kloden. Ahí podría entrar en juego Alberto Contador. El líder, en vista de la ventaja con la que cuenta, se puede permitir el lujo de dejar marchar a los Schleck y ayudar a sus compañeros a entrar en el cajón de París. El ataque de Contador en la Colombiere ha sido incomprensiblemente criticado y él manifestó su malestar por haber provocado el desfallecimiento de Andreas Kloden. En el Ventoux tiene una ocasión de oro para sacarse esa espina y ayudar al alemán, que creo que estará por encima de Armstrong, a entrar por tercer vez en el podium que tanto merece.

Seguramente todo esto no es más que fruto de mi imaginación y es probable que todo parecido con la realidad sea pura coincidencia. Pero no me negarán que sería un espectáculo maravilloso. Algo que sólo el Ventoux es capaz de ofrecer. Veremos.