La transformación de Bradley Wiggins

La primera etapa del Giro de Italia 2010 la ha ganado Bradley Wiggins. Era de esperar. Era uno de los favoritos. No el único, pero si uno de los más grandes. También era de esperar que entre los corredores que optan con serias aspiraciones para ganar la general Cadel Evans y Alexandre Vinokourov serían los mejores. Así ha sido, y con diferencia. Pero también ha habido sorpresas, que siempre son buenas. Nadie conocía a Brent Bookwalter. Tampoco había motivos. Ningún dato destacable figura en su palmarés, ningún logro que llame la atención.

Menos mal que Bradley Wiggins no es un corredor ganador. Su salud se lo agradecerá. El corredor británico es un corredor muy dado a las celebraciones. Ha tenido problemas con el alcohol. Él lo ha reconocido. Pero ha sabido rectificar. Hasta el año pasado era sólo un gran especialista de la pista. Campeón Olímpico y Campeón del Mundo en Persecución individual, por equipos y en velocidad por equipos. Pero no rendía al mismo nivel en ruta, ni en aquellas cronos que en teoría le iban como anillo al dedo. Alguna ganaba, pero menos que las que debía. Le faltaba mentalidad. Fuerza nunca ha tenido, todo lo basa en la ley de la palanca. Con unas piernas que le llegan hasta el cuello, sin más masa muscular que para cubrir unos huesos larguísimos, Wiggins es capaz de desarrollar una gran potencia lo que unido a su exquisita técnica le otorga una prestación extraordinaria para este tipo de pruebas. Además, desde que se ha centrado y mentalizado, ha perdido peso, ganado resistencia y su rendimiento se incrementó hasta el punto de ser la revelación del Tour de Francia 2009 con su cuarto puesto. Este año su objetivo es mejorarlo y el Giro de Italia no será un impedimento porque no lo va a finalizar. Pero lo abandonará con los deberes hechos.

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