Mende homenajea a Manolo Sáiz

Los recorridos están para que los corredores y directores manifiesten sus preferencias. Algunos, los escaladores, lo hacen en montaña. Otros, en el esprint. Pero existen otros territorios en los que se pueden conjugar todo el abanico de posibilidades que hacen grande a este deporte. Mende es una de las mecas.

El Macizo central es un territorio quebrado, ideal para casi cualquier cosa, un lugar único para mostrar la capacidad de lucha de corredores y equipos. Fue territorio del equipo ONCE, y lo sigue siendo de los discípulos de Manolo Sáiz, Joaquín Rodríguez y Alberto Contador, primero y segundo respectivamente en la meta de Mende. Manolo Sáiz nunca pudo ganar el Tour con alguno de sus corredores, pero aportó al ciclismo mucho más que muchos ganadores. En 1995, en la etapa de Mende, organizó una estrategia de libro que, todo dicho sea de paso, fue ejecutada a la perfección por Laurent Jalabert, Melcior Mauri y Neil Stephens, que junto a los italianos, Andrea Peron, Bottaro y Podenzana pusieron en serios aprietos a todo un Miguel Indurain que tuvo que sudar sangre para mantener a Jalabert a raya. El francés ganó con un recital que se quedará para los anales del Tour.

No tuvo tanto brillo la victoria de Marcos Serrano (también corredor de Manolo Saíz) en 2005, pero también fue fruto de una escapada orquestada en parte por el director cántabro. Una de las mayores frustraciones de Manolo Sáiz es no haber pulido con su filosofía a corredores como Joaquín Rodríguez y Alberto Contador, pero con la exhibición de hoy ambos corredores han realizado, seguramente sin pretenderlo, un homenaje merecido a un hombre que ha sufrido una de las mayores injusticias de este deporte: ser cabeza de turco de un problema, que según están demostrando los propios protagonistas, estaba generalizado.

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