Una victoria con muchos ingredientes

Para ganar hay que ser el mejor. Ni ser el más fuerte garantiza siempre la victoria, ni ser el más astuto y tener mucha suerte supone un triunfo seguro. Hay que tener lo justo de cada característica, y si no preguntenle a Javier Ruíz de Larrinaga que por tercer año consecutivo se proclamó en Zamora Campeón de España de ciclo-cross.

No se puede asegurar que el más fuerte fuera Egoitz Murgoitio, ciclista que iba en cabeza cuando se cayó y quedó fuera de combate. El corredor vizcaíno gozaba, eso si, de una esplendida forma que ya demostró en carreras anteriores e incluso mejoró con su estancia en Bélgica durante la última semana. Seguro que hubiera luchado hasta el final por obtener el título, pero se cayó.

Tampoco habría que descartar al valiente cántabro Isaac Suarez que como acostumbra salió como un obús pero no descartó a ningún rival peligroso. Suarez formaba el cuarteto destacado que figuraba en cabeza a partir de la mitad de la prueba pero un inoportuno pinchazo truncó sus opcines de victoria.

Jose Antonio Hermida, el flamante Campeón del Mundo de Mountain Bike, acostumbra a dar la sorpresa cada vez que se presenta en la cita estatal. Este año no iba a ser menos. Salió muy mal por no contar con los puntos que le garanticen una buena posición en la salida, pero fue de menos a más y a falta de cuatro vueltas ya había alcanzado a los tres especialistas y poco más tarde se quedó en cabeza con Larrinaga. Según sus declaraciones, “iba muy fuerte”, mucho más que su rival, pero un error intencionado de los arbitros le despistaron de tal forma que pensaba que aún quedaba una vuelta más. Dicho error no fue otro que los jueces indicaron que quedaban dos vueltas cuando en realidad quedaba tan sólo una pero por lo visto se vieron obligados a ello para que las cámaras de televisión que se encontraban al pasar la línea de meta grabaran la indicación de 1 vuelta número que figuraba en la inversa al número 2. En cualquier caso un grave error que ninguna carrera que se precie, no solo ya un campeonato nacional, se debería permitir.

Y ante tanto desbarajuste allí estaba Javier Ruiz de Larrinaga, que probablemente no fuera el más fuerte porque el mismo reconoce que no está tan fino como en otras épocas, pero aprovechó de forma magistral la situación que se le presentó. No tuvo la torpeza de arriesgar en exceso y poner en peligro el Oro. Tampoco tuvo ningúm infortunio, ni atendió a la errónea indicación de los jueces. Y tuvo el suficiente arrojo para despegar de su rueda a Hermida en el único repecho del recorrido. Utilizó toda su experiencia en el momento oportuno, el único que reunió todos los ingredientes que requiere una victoria de ese calibre.

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