El ciclismo que me gusta

La Vuelta al País Vasco está siendo impredecible. Es una buena noticia. La mejor, porque ocurren cosas que nadie prevé y por inesperado el resultado es más excitante. En eso tiene mucho que ver el recorrido. Y la actitud de los ciclistas, claro. En las dos últimas etapas se han dado ambas cosas. La carrera no ha hecho más que corroborar la necesidad de repechos cortos y duros para garantizar el espectáculo.

Ibardin, los 500 últimos metros, ha sido más decisivo que Arrate. Y la llegada de Oñate, con ese repecho cerca de meta, más que si hubiera finalizado en el alto de Aranzazu. Estoy seguro. No hay puerto largo que otorgue a la carrera el nerviosismo y los movimientos que ofrecen esos repechos entre caseríos. Es la fórmula del éxito.

La etapa de hoy, que teóricamente tenía que haber acabado con una escapada sin consecuencias en la general, ha sido la más bonita y excitante de la Vuelta. Es mérito del Astana y de Kiserlowski. El movimiento que han hecho en Descarga ha sido atrevido y extraordinario. Kiserlowski, el líder del equipo y cuarto clasificado en la general, se ha ido con Petrov, una garantía total cuando se trata de trabajar. La escapada (9 hombres en total) ha puesto en jaque a los otros líderes, que en cuanto se quedan sin sus gregarios no saben qué hacer. El mérito de haber acercado al pelotón es de Dani Moreno. Los líderes no lo han podido hacer ni subiendo Asentzio, ni bajando ni en el llano. Menos mal que Joaquín, el líder, y Samuel, el probable vencedor final, están que se salen y así han podido atrapar a Kiserlowski, que sin duda merecía la victoria.

Tengo la sensación que en meta ha habido reparto de premios. Etapa para Joaquín, y la general para Samu, que ha distanciado en otros 23 segundos (y ya son 47) a Tony Martín. Pero la amenaza del alemán sigue muy latente.

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