Tirreno-Adriatico, todo un ejemplo

El ciclismo tiene un gran futuro con carreras como la Tirreno-Adriatico. Lo tiene todo. Un recorrido que exige dominar todas las especialidades del ciclismo. Una afición que, pese a todos los pesares, jamás da la espalda a este deporte, y una participación que nada tiene que envidiar a ninguna carrera del mayor prestigio.

Los ingredientes para el espectáculo son inmejorables. Está todo medido para que diferentes especialistas en terrenos diversos tengan opciones similares para la victoria, un equilibrio que se da en pocas carreras. La mayoría pecan de excesivos kilómetros contra el reloj. El ejemplo más claro lo tuvimos en la Vuelta al Algarve. En una carrera de tan solo cuatro etapas, la organización ofertó una crono de casi 35 kilómetros que sometió la carrera a los protagonistas de ese día. Tony Martin ganó la crono con más de un minuto de ventaja, y por supuesto, también la general final. Sergio Luis Henao que fue el mejor en la etapa de montaña, no pudo clasificarse entre los diez mejores.

Nada de eso ocurrirá en la Tirreno-Adriatico. No debería. Es prácticamente imposible. El equilibrio entre la montaña y la crono es casi perfecta. La crono sólo tendrá 9 kilómetros, suficientes para que se exhiban los especialistas, pero deficiente para aquellos que pierdan cierto tiempo en montaña, que tampoco es exagerada.

La carrera no dejará huérfano a ningún especialista. Los esprinters tendrán dos etapas exclusivamente para ellos, los clasicómanos otras dos, y hasta los equipos ha tenido ocasión de lucirse en la primera etapa, cosa que lo ha hecho mejor que nadie el OmegaPharma-QuickStep.

Si en ese escenario ponemos como actores a Nibali, Contador, Froome, Evans, Joaquín Rodríguez, Cavendish, Greipel, Degenkolb, Farrar, Demare, Goss, Sagan, Moser, Cunego, Pozzato, Nocentini, Cancellara, Tony Martin o Phinney, sólo cabe un resultado: éxito.

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