El ciclismo brinda con Amstel

La Amstel Gold Race ha sido una fuente de buenas noticias para el ciclismo. En primer lugar el vencedor, Roman Kreuziger, que ha ganado por primera vez una grande. Segundo, que Peter Sagan no es una máquina perfecta, también falla, y eso es bueno, no para él evidentemente, pero si para el ciclismo que no necesita máquinas programadas. El hecho de que Philippe Gilbert haya repetido casi la misma actuación del mundial pasado también es motivo de alegría porque demuestra que está al cien por cien. Y por último, el incidente que ha sufrido el pelotón por no poder controlar todas las escapadas a su antojo, es para mi, otro motivo de satisfacción.

Kreutziger parecía llamado para grandes empresas. Antes de cumplir 22 años ya había sido segundo en Tour de Romandía (carrera que ganó al año siguiente) y al poco de cumplirlos se impuso en la Vuelta a Suiza a Andreas Kloden, tomándose así la revancha de Romandía. A los 23 años ya fue noveno en el Tour de Francia, puesto que repitió en 2010. Pero ha sufrido el problema que se viene repitiendo en la mayoría de los corredores del Este, su progresión se ha estancado de forma abrupta. Muchos de esos corredores son mejores a los 22 años que a los 28 lo cual es un inconveniente para tener una carrera completa. Kreuziger apenas ha mejorado en nada y corre el riesgo de un retroceso en su carrera. Ésta victoria debe servirle de acicate para seguir su camino, pero no debe equivocarse en los objetivos, perseguir las vueltas grandes puede suponer el camino directo al precipicio.

A quién se esperaba en el puesto de Roman Kreuziger era a otro corredor incluso más precoz que él, pero Peter Sagan ha fallado. Nada que ver con el corredor que vimos el miércoles en la Flecha Brabanzona, carrera que dominó de cabo a rabo. Lo interesante es conocer la razón de ese bajón en su rendimiento, pero me temo que será siendo una incógnita más del cuerpo humano. Yo me decanto por razonar una falta de resistencia lógica a su edad, dado que no es la primera vez que le ocurre. Él lo niega. Ha declarado que ha sufrido calambres pero que no cree haya sido por la distancia, sino quizás por el calor. Es probable, pero conviene recordar que en la etapa más larga de la Tirreno le ocurrió algo parecido y es evidente que en las carreras de 200 kilómetros (Gante-Vewelgen y Brabanzona) ha sido superior a jornadas más largas, Flandes o la propia Amstel.

Viendo la última subida al Cauberg, por un momento dudé si estaba viendo el Campeonato del Mundo del año pasado. El escenario era idéntico y la actitud de los protagonista también. Atacó Gilbert, que parecía perseguido por el diablo, y Valverde (a rueda de Simon Gerrans) intentó seguirlo aunque lo tuvo que hacer a unos metros. Creo que es la primera vez en esta temporada en la que el Campeón del Mundo está a ese nivel, su nivel, el nivel al que se le espera. Al margen de gustos y favoritismos es una buena noticia porque añade a un gran corredor a dos grandes clásicas que se disputarán esta misma semana para las que parece haber sido llamado.

Y por último, me ha agradado el hecho de las escapadas hayan tenido tanto protagonismo porque significa que las estrategias están recobrando cierta importancia. Estoy seguro que nadie en el pelotón pensaba que un miembro de una escapada nacida casi desde la salida duraría en cabeza hasta faltar apenas 15 kilómetros. Mikel Astarloza ha realizado una gran carrera. Ha demostrado tener nivel físico, forma y mucho arrojo, circunstancia que le ha permitido ser uno de los grandes protagonistas, cosa que debe agradecer su equipo porque no está sobrado ni de victorias ni de actuaciones de ese nivel en carreras tan importantes. Todos los intentos que se han producido por atrapar al corredor del Euskaltel-Euskadi han provocado otra escapada en la que estaba en ganador final. Normalmente el pelotón controla con cierta facilidad las escapadas de salida. Sabe que con los depósitos vacíos los fugados poco podrán hacer frente a su empuje, pero desconoce el nivel de fuerza que tienen aquellos que salen de sus entrañas en los últimos kilómetros y el nivel de acuerdo que tendrán entre ellos. Además, los líderes no siempre cuentan con todos los compañeros de equipo para el control, hecho que se complica mucho en recorridos como la Amstel. Creo que al final se han concitado todas esas circunstancias y por ello ha ganado Kreuziger. Desconocían el día que tendría el checo, que acostumbra a dar una de cal y otra de arena, ni la coordinación que tendrían los de cabeza, que ni eran pocos ni cojos, y seguro que tanto Gilbert, Valverde o Sagan han echado en falta más compañeros y más fuerza en el pelotón para lograr lo que hoy no han podido.

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