Froome emula a Wiggins

Chris Froome ya se puede tomar unas merecidas vacaciones con la mente puesta en el Tour de Francia, su gran objetivo de la temporada. Acaba de llevarse el Tour de Romandia, su tercera vuelta por etapas después de haberse impuesto primero en el Tour de Omán y más tarde en el Criterium Internacional. También fue segundo en la Tirreno. Son datos que incluso superan los de Wiggins hace un año, cuando ganó París-Niza y Romandía. Está claro que están siguiendo el mismo tipo de entrenamiento, un calendario muy similar y que probablemente termine de la misma forma, con la victoria en el Tour de Francia.

No es fácil encontrar alguna debilidad a Chris Froome, creo que está demostrando tener las cualidades físicas de los grandes campeones. Analizando lo visto hasta el momento lo único que se me ocurre citar es que quizás lo pasa peor cuando la climatología es adversa. Recuerdo que en la Tirreno-Adriáitico perdió el liderato el día de Porto Sant Elpidio, un día de perros en la que destacaron Peter Sagan, Joaquín Rodríguez y Vincenzo Nibali. Froome perdió casi un minuto y declaró en meta haber sufrido por el frío. Ayer, pese a la ventaja que obtuvo en meta, me pareció verle sufrir más de la cuenta. Hacía frío, mucho frío, y llovía, circunstancias que no creo que sean de su gusto. Pocas veces he visto a Froome hacer tantas muecas como ayer cuando iba a rueda de David López y Porte, los dos compañeros que lo protegieron de forma extraordinaria. También me llamó la atención el tiempo que tardó en reaccionar a los ataques, y más incluso lo que le costó atrapar a Simon Spilak, corredor que con frío y lluvia incrementa su rendimiento. Creo que en otras carreras, Oman y sobre todo Criterium Internacional, ha sido más demoledor. De todas formas es algo lógico teniendo en cuenta que lleva tres meses disputando carreras y es normal que su puesta a punto se haya resentido algo.

No es fácil sostener ese argumento viendo la diferencia que sacó en meta, pero creo que eso se produjo por dos circunstancias. Primero porque Froome pedaleó como un poseso en el falso llano que conducía a meta importándole bien poco el hecho de llevar a rueda a Spilak, que apenas le dio dos relevos. Y segundo porque los perseguidores no se pusieron de acuerdo en ningún momento, se esforzaron más en discutir que en relevar con fundamento. La diferencia en el alto era de 7-8 segundos, en meta fue más de un minuto.

Es probable que Froome, el mejor corredor de vueltas esta temporada, sufra algo más con mal tiempo, pero es un problema que no le debe preocupar en exceso porque nada de eso tendrá en el Tour de Francia, carrera en la que el sol parece otorgarle alas.

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