Positivo de Patxi Vila

Llevo días dándole vueltas al positivo de Patxi Vila, y la verdad, no sé que decir. Lo más prudente y conveniente sería esperar hasta conocer el resultado del contra análisis solicitado por el corredor, pero un rápido repaso al pasado de los casos positivos echa por tierra cualquier esperanza de poder reconducir la situación en favor del ciclista.

En la situación en la que se encuentra el ciclismo, no es de recibo justificar ningún positivo con argumentos vacíos de contenido que hemos escuchado hasta la saciedad en el pasado. Sería una incoherencia total para un problema que no permite ambigüedades. Pero por otra parte, no me atrevo a criticarlo. Primero porque carezco de toda la información que sería recomendable en un caso como este. Y segundo porque se trata de una persona a la que considero un ejemplo de integridad y de una rectitud envidiable.

Es innegable que de forma particular el propio ciclista y el ciclismo en general, han sido duramente golpeados por esta triste noticia. El corredor, porque el problema ha arrojado una mancha indeleble a una carrera, por lo demás, inmaculada, y de confirmarse el positivo tendría que cumplir una sanción de dos años que acabaría con su carrera profesional. Y el ciclismo, porque se ha visto, de nuevo, sacudido por el problema de siempre, aunque afortunadamente no tendrá los mismos efectos que los escándalos del pasado Tour de Francia.

Reconozco que las medidas adoptadas últimamente para atajar un problema que ha existido desde los propios inicios de la competición ciclista (y deportiva) son exageradas y limitan de forma importante incluso la vida privada de los protagonistas, pero debemos aceptar que en vista de los casos que acontecen no son excesivas si verdaderamente se quiere luchar contra el doping.

El problema del dopaje, y existen datos objetivos para demostrarlo, se está solucionando gracias a las estrictas medidas que se están tomando y al cambio de actitud que están demostrando no pocos ciclistas. Pero sería pecar de una ingenuidad absoluta pensar que algún día se solucione en su totalidad. Por tanto, y si no se quiere caer en el desánimo total, lo más conveniente será aprender a convivir con los casos aislados que se puedan producir.

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