Bernard Hinault es un peligro

Desde el púlpito que otorgan 5 Tour de Francia ganados y la condición de semidios alabado por sus compatriotas que añoran la exitosa época del astro francés, Bernard Hinault ha soltado una cuantas blasfemias en contra de Chris Froome porque, si él no lo remedia, el británico tomará parte en el Tour de Francia. Ante esta atrocidad que sufrirá el ciclismo a Hinault no se le ha ocurrido otra cosa que llamar a los corredores a la huelga para detener tamaña barbaridad.

 

Faltaría más que Hinault, o cualquiera, no pudiera criticar la situación de Froome, que pasados más de nueve meses aún no hay una resolución definitiva sobre su caso, pero antes de abrir la boca debería cumplir unos mínimos exigibles a cualquier persona, se supone, acreditada para opinar sobre el mismo. Primero de todo, informarse, porque, que se sepa, el caso aún no se puede considerar como positivo y es, precisamente, por ello que la normativa le permite seguir corriendo. Segundo, podría haber puesto algún otro ejemplo diferente al del Clembuterol de Contador como caso a seguir, porque aquel no fue ningún modelo de celeridad. El caso del Clembuterol se demoró año y medio hasta que llegó la sanción definitiva (la muestra se tomó el 21 de Julio de 2010, y la sanción fue impuesta el 6 de Febrero del 2012). Y, tercero, podría haber propuesto algo más razonable como por ejemplo, cambiar la norma de los TUE, que en mi opinión es la clave del problema, o una mayor prontitud para determinar estos casos.

Hinault a golpes con unos manifestantes en 1984 en la París-Niza

Además llama poderosamente la atención que Hinault se acuerde ahora del legítimo instrumento que supone la huelga para lograr ciertos objetivos no menos lícitos, cuando fue él precisamente quien intentó interrumpir a golpe limpio una huelga de trabajadores de los astilleros Ciotat en protesta, seguro, de algún derecho con más urgencia que el que nos ocupa. O aquellas veces que empujó a más de un espontáneo del pódium arrojándolos fuera de él de manera violenta. O de otras tantas ocasiones en los que se tomó la justicia deportiva por su mano impidiendo, sin asomo de compasión, el que corredores modestos tuvieran una pizca de protagonismo en forma de fuga, porque al gran capo ese día no le apetecía ni siquiera jadear. Así de arrogante y autoritario es el gran Hinault.

  Hinault empuja fuera del podium a un espontáneo

Al bretón jamás se le ocurrió alzar la voz en pro de los derechos de los ciclistas y equipos que ahora parece defender. Nunca realizó la menor crítica por los excesos que cometía la organización del Tour de Francia excluyendo a ciclistas por el mero hecho que, decían, ensuciaban la imagen de la carrera. Jamás protestó por los sponsors que imponía la organización a los equipos en beneficio propio, o por los irrisorios premios que propone en comparación a los ingentes beneficios que produce la carrera a costa de la imagen de los corredores y equipos. Nadie le ha escuchado una sola palabra por cambiar el modelo de negocio del ciclismo que beneficia, sobre todo, a las grandes organizaciones, y especialmente a ASO, que tiene el monopolio de la mayoría de las grandes carreras. No ha sido capaz de dar un solo paso al frente para afrontar todos los problemas que aún padece este deporte. No, a Hinault, lo único que se le ocurre es hacer un llamamiento a las masas para que detengan a Froome por las buenas o por las malas, con el peligro que eso supone por la respuesta que pueda tener en la carretera por parte de algunos, llamados, aficionados con tan poco (o tanto) cerebro como el Caimán.

Lo único que espero es que sus aportaciones sobre cuestiones importantes, se tengan en cuenta en la misma medida que las ha tenido ASO desde que se bajó de la bici para desempeñar la importantísima tarea de ajustar los maillot en el pódium protocolario, algo para lo que, sin duda, está capacitado.

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