Guerra a los frenos de disco

La innovación tiene que hacer frente a un agente que siempre ha sido su aliado pero que en esta ocasión le ha dado la espalda. Los frenos de disco, pese a querer ser aceptados por la estricta normativa de la UCI, no cuentan con la aprobación de la mayoría de corredores.

 

Todo avance tecnológico siempre ha sido aplaudido por los corredores que nunca ha dudado en aprovechar las ventajas que se les presentaba. Desde que alrededor de 1940 aparecieron los primeros desviadores de marchas que supusieron una auténtica revolución al permitir adecuar los diferentes desarrollos que contaban aquellas bicicletas sin la necesidad de parar, bajarse y tener que cambiar la rueda trasera de lado (en aquella época las bicis contaban con sólo dos coronas, una a cada lado de la rueda), -desde el invento del desviador de marchas, decía,- hasta los actuales frenos de disco, han sido numerosos los intentos y logros de mejorar la mecánica de la bicicleta que permitiera mejores prestaciones y por consiguiente un incremento del consumo y su venta. La mayoría aparecieron recién pasados los años 80: las ruedas lenticulares, el aluminio, los pedales automáticos, el manillar de triatlón, el carbono, los cambios en las manetas, el cambio electrónico etc., fueron todos avances acogidos con agrado porque venían a solucionar, en muchos casos, problemas que incomodaban y dificultaban un esfuerzo de por sí sufrido.

Hasta ahora el único problema al que se enfrentaban tanto los corredores como las marcas que las desarrollaban era la UCI, que en su afán obsesivo y desmedido de conservadurismo ha estado entorpeciendo casi todo lo que supusiera un mejora tecnológico. No hay que más que recordar que bajo el argumento de la seguridad prohibió el uso del acople de manillar que ofrecía la posibilidad de adoptar una posición aerodinámica de forma cómoda que tanto usó Michelle Bartoli en los 90. Se hicieron estudios del tiempo de frenada y pese a que la diferencia era mínima la UCI consideró que el incremento al que obligaba la postura con las muñecas apoyadas en el manillar suponía un peligro para la integridad física de los corredores y decidieron prohibirla, medida que fue muy discutida por el pelotón, partidaria de permitirla.

 

Ahora en cambio, la situación se ha revertido. La UCI, consciente de lo que supone para las empresas del sector lanzar nuevos productos que comercializar, está a favor de permitir el uso de frenos de disco, pero se ha dado de bruces con la realidad y la oposición, casi unánime, del pelotón. Incluso la CPA (Ciclistas profesionales asociados) ha amenazado a la UCI con ir a los tribunales si hace caso omiso de las peticiones que ha cursado, haciéndole responsable de los daños que puedan acarrear los frenos de disco.

 

Seguramente pocos dudan (hay alguno como Nairo Quintana) de la utilidad de los frenos de disco, más eficaces con menos presión y más precisión y mejor frenada en menos tiempo, pero el temor a la carnicería que pueden provocar en una caída masiva en el pelotón es mayúscula (la lesión de Fran Ventoso está aún reciente y la duda del corte de Owain Doull más aún), y los corredores han lanzado el grito de guerra que les llevará a ganar ésta batalla. Podría ser un ejemplo para que se den cuenta del poder que atesoran cuando todos se ponen de acuerdo y lograr otros objetivos tanto o más importantes para el futuro que necesita éste deporte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *