La venganza de Mathieu Van der Poel

Mathieu Van der Poel parece dispuesto a saldar cuentas con el destino en esta temporada. No está dejando ni las migajas a sus pobres adversarios, que ven, cómo una y otra vez, el holandés se impone sin apenas resistencia. Desde que comenzó la temporada ha participado en 15 carreras de las cuales ha ganado 13, en otra fue segundo, y en la otra cuarto, la carrera de Boom donde se cayó y recuperó más de 20 puestos en apenas media hora de carrera. Su superioridad está siendo sideral, algo que no se veía desde el mejor Sven Nys.

Mathieu Van der Poel en una imagen que se repite una y otra vez

El único aliciente que está teniendo ésta temporada es el tipo de exhibición que ofrecerá el corredor de moda y la forma en la que ofenderá y la ventaja que sacará a Wout Van Aert, su rival desde categorías inferiores y actual Campeón del Mundo, título que parece estar reclamando Van der Poel sin descanso. Esa es su venganza. Todo el mundo sabe que ese maillot, de no haber sido por los tres pinchazos que sufrió en el último Campeonato del Mundo que se disputó en Luxemburgo, le pertenecería a él, pero parece que de su padre Adrie, no sólo ha heredado una genética prodigiosa también su mala suerte en los mundiales. Adrie Van der Poel, que aunque no se dedicaba al cyclo-cross con tanta profesionalidad como sus hijos, siempre estaba presente en los Campeonatos del Mundo y casi siempre en el pódium. Ganó uno, el de Montreuil (Francia) en 1996 y liquidó así las cuentas con la carrera que le había arrinconado en cinco ocasiones al segundo puesto y otras dos al tercero.

Adrie Van der Poel, Campeón del Mundo de Cyclo-cross en 1996

Mathieu Van der Poel ya tiene un título casi a la mitad de edad de la que lo logró su padre (que lo logró a los 36), pero hubieran podido ser más. Además del golpe de mala suerte antes mencionado, hace dos temporadas, en Zolder, también tuvo sus más y sus menos. Se trabó con Wout Van Aert y desde ese momento uno, el belga, salió disparado hacía su primer título, y el holandés se quedó enganchado en la nada.

 

Este año le espera Valkenburg, un mundial que disputará en casa para vengarse en su nombre y en el de su padre.

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