Movistar manda, Quintana reina

Este fin de semana del Giro ha definido con exactitud milimétrica a un buen corredor y a otro extraordinario, los dos del Movistar. Gorka Izagirre ganó en Peschici una etapa que le definió con una precisión exacta. Es un corredor con una visión de carrera solo comparable al olfato de un sobresaliente perro de caza, que a la vez tiene la fuerza para mantenerse en la escapada y destacar en meta para rematar cualquier tipo de trabajo. Y el domingo Nairo Quintana reveló en el Blockhaus, un puerto de los de verdad, lo que ocultó el viento del Etna. Ahora los galones están establecidos.

Quintana sacó a pasear ese don que la naturaleza regala de vez en cuando a capricho a algunos corredores y se propuso aprovechar la primera oportunidad real que le ofreció el recorrido. No decepcionó. Realizó una exhibición atacando una y otra vez hasta reventar a sus adversarios. Es la forma de subir que beneficia a los escaladores puros de poco peso dados a cambios de ritmo y perjudica a los más pesados. Tom Dumoulin lo sabe y no mordió el anzuelo del colombiano. Como siempre, ajustó sus fuerzas a la dureza del puerto y adoptó un ritmo que sabía podía mantener hasta la meta. El resultado fue extraordinario, tercero a sólo 24 segundos. Fue el segundo ganador del día.

 

Nibali, en cambio, pecó de ambición. Entró al juego de los escaladores, de Pinot y Quintana, dos corredores que pesan casi 10 kilos menos que él y no están tan lastrados para pendientes tan importantes. Se equivocó de ritmo, iba fuera de punto, algo de debía saber un corredor de su experiencia para adoptar la decisión correcta antes de que el ácido láctico paralice los músculos que piden a gritos un reajuste de exigencia. No lo hizo y el resultado fue nefasto: un minuto y un golpe psicológico que puede verse aumentado en la crono. Pero aún hay Nibali para rato en este Giro, especialista en renacer de sus cenizas e inventarse mil situaciones inesperadas que pueden voltear las situaciones más solidas. Nibali es un corredor al que hay que temer siempre.

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