Oscar Sevilla, el niño de la sonrisa eterna

Nada parece borrar la sonrisa de Oscar Sevilla (Ossa de Montiel, 1976), uno de los corredores prodigios de la década de los años 2000, salido de la cantera de aquel Kelme en el que coincidió con Alejandro Valverde, Angel Vicioso, Tino Zaballa, Roberto Heras, José Enrique Gutiérrez, Santiago Botero, Aitor González, Jesús Manzano, Santi Pérez, Javier Pascual Rodríguez, Javier Pascual Llorente, barridos, muchos de ellos, de una forma u otra, por la Operación Puerto. Pero según relata Sevilla en esta entrevista, la clave de la felicidad que disfruta en la actualidad fue precisamente la Operación Puerto.

Sevilla, segundo en la Vuelta a España de 2001 y 7º en el Tour de Francia del mismo año, parece haber leído el libro superventas de Rafael Santandreu, Ser feliz en Alaska, libro de autoayuda que basándose en la psicología cognitiva predica que cualquiera puede ser feliz en cualquier situación por desfavorable que ésta sea, incluso viviendo en un vertedero. Sevilla no lo ha conseguido en Alaska si no en Colombia, país que le ha acogido con los brazos abiertos desde que tuvo que emigrar por aquella operación que mostró todas las vergüenzas políticas y judiciales de un país que llegó tarde y mal a la lucha contra el dopaje. Pocas veces habrá estado la justicia tan lejos de cumplir con su cometido y jamás habrá tenido el mismo delito castigos tan dispares. Algunos fueron apartados como apestados; otros siguieron corriendo sin ningún tipo de sanción; otros cumplieron con la misma y volvieron al pelotón; otros fueron perdonados pagando sanciones millonarias; hubo quién se erigió en adalid del dopaje descubriendo (tarde) las miserias propias y ajenas del dopaje organizado. Y hubo alguno como Sevilla que aprovechó para encontrar la felicidad.

 

Cualquiera que lleve unos cuantos años observando la vida, sabe que sin llegar a ejemplos tan extremos la respuesta humana ante el mismo hecho puede ser muy diferente. Donde algunos sienten desesperación, vergüenza o miseria y el único ungüento que aplican son lágrimas de desolación, otros son capaces de ver y aprovechar las nuevas oportunidades que se les presentan y desarrollarlas con optimismo. No hay duda que Sevilla es de los segundos y además está orgulloso, incluso, de su pasado pues según declara en la entrevista volvería a repetir todo lo realizado anteriormente, lo bueno y lo malo. Hombre Oscar!, creo que sería más inteligente intentar evitar los errores cometidos, pero a lo mejor el no arrepentirse es la clave que le permite lucir su eterna sonrisa.

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