Quick-Step, un equipo

Los lobos, pese a sus 69 victorias, siguen hambrientos y ayer arramblaron con el Campeonato del Mundo por equipos en manada, como les gusta, que para eso se denominan Wolfpack, quizás, el nombre que llevarán el año que viene si ningún esponsor importante lo remedia, algo incomprensible y que exige un análisis profundo de los problemas de vive el ciclismo. Los hombres de Patrick Lefevre se están acercando a su mejor resultado de la historia que data del año 2000, cuando el equipo se llamaba Mapei y lograron 71 victorias.

 

El Quick-Step rodando con perfección

Repasando la lista del sexteto que formó el equipo, no encontraréis a ningún Campeón del Mundo de la especialidad individual, ni de Europa, ni ningún ganador de alguna crono importante en una gran vuelta, a lo sumo, algún campeón nacional, condición que solo cumplen Yves Lampaert (Campeón del Bélgica en 2017) y Bob Jungels (6 veces campeón de Luxemburgo). No hay tanto glamour como en el Sunweb de Tom Dumoulin, o en el BMC de Rohan Dennis, Greg Van Van Avermaet o Stefan Kung, pero lo que hay es un equipo, que es lo que importa. La homogeneidad es clave en esa especialidad, y reunir un sexteto de condiciones  similares no es fácil; que tengan nivel para ganar es casi un milagro. Lefevre siempre ha encontrado el equilibrio necesario para rodar en equipo, tanto en pruebas en línea como en cronos, pero nunca ha dado con la tecla de tener un hombre para disputar la grandes generales, problema que, aunque haya que esperar algo, le puede solucionar Enric Mas.

 

El Quick-Step ha cerrado el corto ciclo de los Campeonato del Mundo por equipos como lo empezó, ganando. Se alzaron con el primer entorchado en 2012 y cierran su historia (el año que viene no habrá prueba por equipos) con 4 triunfos, dominando esa especialidad como el ranking de victorias años tras año.

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