Siena descubre a un gladiador

Desde el Tour de Flandes de 2015 Tiesj Benoot ( Gante, Bélgica, 1994), no había acaparado ningún titular importante, pero el sábado se llevó todos. Ganó la Strade Bianche, su primera victoria profesional y una carrera que resume sus virtudes y a la vez lo que debe ofrecer una carrera de prestigio.

Benoot en la meta de Siena

Benoot ha tardado tres años en confirmar lo que se esperaba de él una vez que asombró con un quinto puesto en el Tour de Flandes de 2015, año de su debut. Su progresión, como ocurre siempre que destaca algún corredor extremadamente joven (Benoot tenía 21 años recién cumplidos en 2015), se vio lastrada por la excesiva presión que ejerce el ciclismo belga a las promesas. En seguida se abalanzan sobre él con una lupa que examina hasta los detalles más ínfimos. Tras un sensacional debut en el 2015 donde también fue 2º en la Vuelta a Bélgica y 4º en la Paris-Tours y 5º en el G.P Montreal, los dos años posteriores no han sido ni fáciles ni fructíferos: 3º en la Het Nieuwsblad en 2016, y el mismo puesto en la Flecha Brabancone del año pasado además de un 4º puesto en la Kuurne. Ninguna victoria, un bagaje muy escaso para toda una promesa. Pero la paciencia siempre da sus frutos si está acompañada de clase, algo que Benoot tiene a borbotones como demostró el sábado.

Benoot en el momento del ataque en la Strade Bianche

Su exhibición no solo fue de fuerza. Tuve la impresión que el más fuerte era Alejandro Valverde, capaz de sacar de rueda a todos los favoritos, incluidos Kwiatkowski, ganador el año pasado, y Sagan, siempre temible en esas carreras. Benoot también tuvo una visión acertada de la carrera, se movió con sigilo,- algo que no les está permitido a los grandes favoritos, siempre vigilados entre sí,- con atrevimiento, saltando de grupito en grupito en los momentos oportunos sin malgastar excesivas fuerzas y escapando del control que los grandes equipos no lograban ejercer como de costumbre. Llegado el momento, el último tramo de sterrato, atacó para buscar en la Piazza del Campo no sólo la meta de la carrera sino la salida del camino que quiere proseguir en las grandes clásicas.

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