Altitud, hipoxia y riesgo cardiovascular

La altitud causa estragos en nuestro cuerpo de muchas maneras, la falta de disponibilidad de oxigeno hace que el cuerpo se vea sometido a un estrés fisiológico. Pero, ¿podríamos pensar que cuando estamos en altitud estamos poniendo en riesgo nuestra salud?

Existen casos de personas que han sufrido un ataque al corazón durante alguna estancia en altitud y hace tiempo que los investigadores  han tratado de comprobar mediante estudios si las altitudes extremas pueden causar un ataque al corazón. Pero lo cierto es que hasta la fecha no han podido establecer ningún vínculo entre la altitud y el riesgo de sufrir un ataque al corazón.

Efectos de la exposición en altitud y el riesgo de sufrir un ataque al corazón

La exposición a la altitud causa cambios en nuestra sangre, específicamente afecta al hematocrito, o la proporción de glóbulos rojos al volumen total de sangre. A medida que aumenta la altitud, la disponibilidad de Oxigeno es menor y esto provoca una cascada de reacciones y en última instancia un aumento en el número de glóbulos rojos.

Este aumento de los glóbulos rojos hace que la sangre sea más gruesa y que no fluya tan suavemente por lo que puede tender a coagularse más fácilmente, particularmente si se tropieza con una obstrucción parcial.

Los lugares altos y las actividades físicas necesarias para llegar a ellos, que requieren generalmente un aumento de la frecuencia cardiaca y por tanto un mayor trabajo cardiovascular,  son generalmente estresantes. Estos factores de estrés provocan cambios en el equilibrio hormonal, como la adrenalina y glucocorticoides en la sangre, dando lugar a respuestas como el estrechamiento de las arterias y cambios de azúcar en la sangre. Dado que el vínculo entre el estrés y las enfermedades del corazón está bien establecido, parece lógico pensar que este estrés pueda jugar un papel importante en el desencadenamiento de un ataque al corazón.

Además el clima frío característico de los lugares de altitud constriñe los vasos sanguíneos y los vasos más delgados son más susceptibles a la coagulación.

En los estudios llevados a cabo hasta hoy, no se ha podido encontrar un aumento en el riesgo de los individuos que participan regularmente en deportes de montaña y  muestran que el mayor índice predictivo de un ataque al corazón no fue la altitud en la que ocurrió, sino la edad y el sexo del individuo y si previamente se había tomado el tiempo necesario para aclimatarse.

En un estudio llevado a cabo por Burstcher y colaboradores en el que se analizaron los casos de muerte por problemas cardíacos en individuos que practicaban esquí de descenso y  montañismo, en un intervalo de tiempo de 9 años,  se pudo comprobar que más del doble de las fatalidades sucedieron entre los montañeros en comparación con los esquiadores que hacían uso de los remontes (361 vs 157 muertes). Además encontraron que el riesgo de padecer un ataque al corazón aumentaba de manera llamativa a partir de los 50 años en los esquiadores y que este riesgo disminuía entre los montañeros y esquiadores que practicaban deportes de montaña de manera regular.

 

Imagen que hace referencia a un ataque al corazón para el blog de hipoxia biolasterA pesar de que reputados investigadores dedicados a esta materia coinciden en que el riesgo de un ataque al corazón ante la exposición a la altitud es relativamente pequeño para las personas sanas, éste se puede minimizar siguiendo el consejo clásico de adaptarse a la altitud.

Como normas básicas de aclimatación se debería enfatizar en que esta  fase de aclimatación debe ser lenta y progresiva. Una aclimatación correcta, además de minimizar el estrés del corazón, permitirá que también el resto del cuerpo pueda adaptarse gradualmente. La aclimatación también ayudará a evitar otros problemas no cardíacos asociados, como el mal de altura y la hinchazón en la cabeza y los pulmones. Además, mantenerse hidratado es siempre una buena idea cuando se trata de minimizar la viscosidad de la sangre.

 

El uso de la hipoxia es sin duda un método eficaz  que facilita el proceso de aclimatación a la altitud y mejora de la tolerancia al ejercicio mediante el incremento de la resistencia al stress y la mejora en el aporte de oxígeno. En este sentido, ya en 2004 el mismo Burtscher y colaboradores demostraron que 3 semanas de cortas exposiciones a la hipoxia intermitente en reposo aumentaron la capacidad aeróbica y la tolerancia al ejercicio en hombres mayores con o sin enfermedad coronaria.

 

Por tanto, ¿podríamos considerar la hipoxia intermitente como una estrategia no farmacológica prometedora para reducir los factores de riesgo cardiovascular?

 

Costalat y colaboradores acaban de publicar un nuevo estudio cuyo objetivo ha sido investigar los efectos de la hipoxia intermitente moderada en los principales factores de riesgo cardio-metabólicos en sujetos con sobrepeso y obesidad.

 

En el estudio han participado 6 sujetos que han sido expuestos a 10 sesiones de hipoxia intermitente moderada durante 2 semanas (a una saturación arteria de oxigeno de  un 80% y en sesiones de 70 min). Se midieron la glucosa en sangre y lactato; proteínas de alta (HDL) y baja densidad (LDL); triglicéridos, presión sistólica y presión arterial diastólica además de varios índices cardíacos

 

Los resultados han mostrado que después de una única sesión de hipoxia intermitente el nivel de glucosa disminuyó y el lactato aumentó aunque no se pudo apreciar ningún cambio sostenido después de 10 sesiones. Por el contrario, las concentraciones de LDL, el ratio LDL/ HDL y la presión sistólica  disminuyeron significativamente después de 10 sesiones

 

Los autores concluyen que un corto programa de hipoxia intermitente  parece ser un método no farmacológico seguro y eficaz para reducir los principales factores de riesgo cardiovascular asociados con trastornos metabólicos.

 

 

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